21 de mayo 2022

27 de abril 2022

Opinión

#YoQuéVoyASaber | De víctimas a sobrevivientes

Yo qué voy a saber

Elena tiene derecho a dejar de ser víctima y convertirse en sobreviviente, porque las sobrevivientes tienen una segunda oportunidad de ser felices, las víctimas no

Por Carolina Hernández

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“Sigo repitiendo la escena en mis sueños…”

Ella es Elena Ríos y en septiembre del 2019 fue atacada con un ácido que le borró el rostro y que le arrancó la piel y la vida.

Cuando aún estaba en el hospital, Elena de 26 años, le dijo a su hermana que hubiera preferido que la mataran.

Pero en México, la violencia feminicida no siempre termina en un asesinato.

Aun así, todas estamos muertas.

Muertas de vergüenza.

Muertas de miedo.

Muertas en vida.

Han pasado más de 2 años y medio del ataque a Elena. En ese tiempo, la saxofonista ha hecho lo posible por recuperar lo que esa violencia le arrebató.

“Tengo un rostro que me avergüenza… no tendría por qué avergonzarme, porque yo no me eché el ácido”.

Pero al parecer, para la familia del presunto agresor una víctima debe ser una víctima siempre.

“Goza de una plena salud, ya que circulan en las redes sociales videos y fotografías recientes donde convive con amigos y familiares con la cara descubierta, lo cual deja ver que no presenta ninguna lesión o secuela que le limite llevar a cabo su vida y actividades plenamente”.

Con ese argumento, tan absurdo como indignante, la familia de Juan Antonio Vera Carrizal, preso en el penal de Tanivet por el delito de tentativa de feminicidio, pidió un proceso justo para el inculpado.

No correlación.

¿Qué tiene que ver que Elena salga a divertirse con que hace dos años le vaciaran en el cuerpo una cubeta de ácido sulfúrico?

¿En qué universo, el que ella salga a divertirse invalida el delito?

¿Cómo pueden decir que ya está bien?

Hay que tener mucha miseria en el alma para tratar de negarle a una mujer, que ha sufrido lo que Elena, su legítimo deseo para dejar de ser víctima y pasar a ser una sobreviviente.

Porque entre una y otra hay una gran diferencia.

Sí, necesitamos comenzar a dejar de llamarnos víctimas para llamarnos sobrevivientes, porque el lenguaje construye realidades y en este país la realidad de las víctimas es el desamparo.

México es un país de víctimas.

Víctimas de delitos, de violaciones a los derechos humanos, víctimas del abandono, víctimas de la ignorancia, víctimas del poder.

Y aunque, de acuerdo a la Ley General de Víctimas publicada en enero de 2013, todas, todos y todes tenemos el derecho a una investigación pronta y eficaz, conocer la verdad de lo ocurrido, un trato humano y digno, y recibir una reparación integral del daño, la verdad es que casi siempre tenemos nada.

No tenemos, por ejemplo, la certeza de saber qué pasó realmente con Debanhi Escobar, la muchacha encontrada muerta en una cisterna 13 días después de su desaparición.

Somos víctimas recurrentes de las “verdades históricas”.

Somos víctimas de la falta de eficacia de nuestro sistema de justicia.

Víctimas de la corrupción que no se termina de barrer ni de abajo hacia arriba ni de arriba hacia abajo.

Somos víctimas del olvido.

En cambio, ser sobrevivientes implica que podemos tomar el control de nuestras propias vidas.

Ser sobrevivientes es luchar. Es tomar el control de nuestra vida. Es tomarnos de la mano y avanzar juntas.

Ser sobrevivientes es exigir, marchar, gritar, reír…

Elena tiene derecho a dejar de ser víctima y convertirse en sobreviviente, porque las sobrevivientes tienen una segunda oportunidad de ser felices, las víctimas no.

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