21 de mayo 2022

22 de marzo 2022

Opinión

#YoQuéVoyASaber | CLASISTAS Y CÍNICOS

Yo qué voy a saber

Los comentarios sobre la inauguración del aeropuerto han sido muy clasistas, porque teniendo un proyecto insignia manchado por la corrupción, la inoperancia y la ineptitud, lo que les avergüenza es que huela a maíz y salsa roja

Por Carolina Hernández

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Pues sí, Pascal “visionario” del Río, los comentarios sobre la inauguración del aeropuerto han sido muy clasistas, porque teniendo un proyecto insignia manchado por la corrupción, la inoperancia y la ineptitud, lo que les avergüenza es que huela a maíz y salsa roja.

Así que, además de clasistas, son muy limitados.

Para el presidente Andrés Manuel López Obrador, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles está completamente terminado y su misión de construir un aeropuerto para orgullo y beneficio del pueblo está concluida.

Pero la señora que ayer incomodó tanto en redes sociales al vender en el aeropuerto sus doradas hidalguenses -por cierto, mucho mejor preparadas que la 4T- quizá no le dé tanto la razón al mandatario.

Porque si el aeropuerto de verdad hiciera honor al eterno discurso de Andrés Manuel, de que en su gobierno “primero son los pobres”, habría incluido un proyecto que tomara en cuenta a los pequeños comerciantes que rodean la zona.

Habría, quizá, pensado en convenios de espacios subsidiados para que los comerciantes locales trabajen de manera independiente.

Habría contemplado, por ejemplo, un plan de amortiguamiento con renta simbólica por mantenimiento para apoyar a los miles de comerciantes que entonces sí se verían beneficiados por ese mega proyecto, que hasta el momento solo ha traído ganancias a los mismos ricos de siempre.

Porque yo jalo a tener un aeropuerto en el que no tenga que pagar 80 pesos por un café con mi nombre y otros 150 por un panini de pan sin glúten, arándanos y queso de cabra.

No tendría ningún inconveniente en poder chutarme un par de tlacoyos de requesón, con las dos salsas, antes de irme a sentar a esperar mi vuelo con dos horas de retraso.

Porque lo que nos debería dar incomodidad no es la señora que vende antojitos, lo verdaderamente incómodo es que, de acuerdo con Mexicanos contra la Corrupción, los mandos militares que estuvieron al frente de la construcción del aeropuerto asignaron prácticamente el 100 por ciento de los contratos sin licitación.

Vergüenza no es que vendan tlacoyos, vergüenza es que el aeropuerto haya costado 52% más de lo presupuestado. Que se descubrieron empresas fantasma, que la Auditoría Superior denunció más de 12 mil millones de pesos que se gastaron sin que nadie pudiera decir en qué. Que tiene proveedores vinculados con factureros e incluso contratistas con antecedentes de corrupción.

Vergüenza que esta obra insignia de López Obrador fue catalogada como una obra de seguridad nacional, lo que dificulta el escrutinio del uso de recursos públicos.

Vergüenza que solo dos aerolíneas de bajo costo operarán vuelos nacionales y que se encuentra a 50 km del centro de Ciudad de México, además de que es una distancia más grande que la de muchos aeropuertos de capitales del mundo, llegar representa un gasto inaccesible para muchos.

Vergüenza, que mientras a la inauguración del aeropuerto acudió el ex secretario de Defensa durante el sexenio de Peña Nieto, Salvador Cienfuegos, la nota haya sido una señora vendiendo comida.

La verdadera vergüenza del aeropuerto es que, un par de tlayudas, hayan ofendido más que un proyecto mediocre y populista movido por la necedad y el capricho.

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