30 de noviembre 2021

14 de septiembre 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | Chiquihuite: Mucho interés, poco social

Yo qué voy a saber

La gente que perdió todo en el derrumbe del cerro del Chiquihuite no estaba ahí por gusto. Estaba ahí porque son el resultado de una política de vivienda inoperante que sigue fracasando en atender a la gente más pobre

Por Carolina Hernández

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El derrumbe del cerro del Chiquihuite desenterró una sarta de prejuicios sobre las personas que viven en asentamientos informales.

Y evidenció que en este país el derecho a la vivienda ha fracasado de tal forma, que existen un montón de personas sin casa y un montón de casas sin personas.

Esos desgarradores gritos son los de Jorge, un joven de 24 años que busca a su esposa y a sus dos hijos entre los escombros del cerro del Chiquihuite.

La zona enfrenta varios riesgos registrados en Atlas de Peligros y Riesgos de la Ciudad de México, pero los vecinos del lugar se resisten a irse.

Y es muy fácil decir que son unos necios. Decir que es su culpa. Que siguen ahí porque quieren.

Pero la cosa no es tan sencilla. Esas personas no están ahí porque quieren. Nadie quiere vivir en las faldas de un cerro que tiene seis “cascadas”… Están ahí porque no tienen a dónde ir.

Todo, gracias a una política de vivienda injusta y alejada de las posibilidades de la gran mayoría.

Porque incluso quienes logran conseguir el sueño de la casa propia gracias a su crédito de interés social, tienen que abandonarlo cuando se dan cuenta que su deuda nunca disminuirá.

De acuerdo con el Inegi, en el país existen más de 6 millones de casas del Infonavit abandonadas.

En contraste, se estima que en México, una de cada cinco personas vive en un asentamiento irregular en condiciones de precariedad.

Y sí, es una estimación, porque quienes viven en esos espacios ni siquiera habían sido considerados como parte de los censos de población.

Apenas en enero de este año, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ordenó el Inegi que se censara las viviendas en los asentamientos informales.

Es importante reconocer que las personas que viven en esos lugares son sólo un síntoma de las fallas estructurales que existen en el país para garantizar la vivienda sin discriminación.

Porque entre más pobre eres menos acceso a una vivienda tienes.

Así que la gente construye su casa cómo puede y en donde puede.

Y eso casi siempre es en lugares marginados y en la precariedad total.

Así que el problema principal no es lo empinado del cerro, sino lo empinado del sistema inmobiliario y de la corrupción que lo rodea… esa que permite que en un cerro igual a ese se puedan construir edificios de departamentos de lujo y a esos sí, es les garantiza la seguridad. 

Así que no, la gente que perdió todo en el derrumbe del cerro del Chiquihuite no estaba ahí por gusto, no son pobres porque quieren.

Estaban ahí porque son el resultado de una política de vivienda inoperante que sigue fracasando para atender a los más pobres.

Y porque esas casas de interés social tienen mucho de interés y poco de social.

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