16 de septiembre 2021

22 de junio 2021

Opinión

#YoQuéVoyASaber | Cada vez menos pueblo

Yo qué voy a saber

Hace tres años, cuando AMLO llegó a la presidencia aseguró que gobernaría para el pueblo. Y en ese pueblo cabíamos muchos. Poco a poco el concepto se fue estrechando

Por Redacción Magenta

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Para Andrés Manuel, el pueblo ha sido siempre el centro de su discurso político.

El pueblo bueno y sabio… pero también pobre.

Porque los ricos, los que tienen, no son pueblo.

Y ahora tampoco los que quieren tener.

Porque esos burgueses clasemedieros son presa fácil de la manipulación. Y el pueblo que a él le gusta no es así.

El pueblo, o es pobre, o no merece su simpatía.

Yo no sé si el presidente está enojado con la clase media porque no votaron por Morena en las pasadas elecciones, pero lleva dos semanas enfocando toda su artillería a este sector de la población en el que, por cierto, ya ni sabemos quiénes estamos.

La clase media es una vaga coordenada. Es la rebaba de lo que queda cuando separas a los pobres y a los ricos.

Aun así, la clase media es parte del pueblo.

O debería.

Hace tres años, cuando AMLO llegó a la presidencia aseguró que gobernaría para el pueblo. Y en ese pueblo cabíamos muchos. Poco a poco el concepto se fue estrechando.

Hasta que ahora pareciera que el pueblo son los pobres y los demás se pueden ir al carajo.

Así, el presidente llena de elogios y ofrendas a esos casi 80 millones de mexicanos que, según el Coneval, viven en la pobreza.

Se pone generoso con ellos de manera, incluso, sospechosa.

Porque una cosa es atender las añejas, legítimas y olvidadas carencias de quienes han sido sistemáticamente ignorados, pero otra muy distinta es darle tintes heroicos no solo a ellos, si no a la pobreza en sí.

Ya lo dijo su muy admirado Carlos Monsiváis.

“La filantropía es al paternalismo lo que el paternalismo a la dictadura: un regalo consolador a las masas que es método de sujeción”.

Por eso, Andrés Manuel necesita, no solo que su pueblo sean los pobres, sino que estén agradecidos con él.

Por eso, les promete beneficios a granel, aun a sabiendas que muchos son imposibles de cumplir.

Por eso, sus discursos matutinos se encaminan cada vez más a destacar la pobreza como una de las mayores virtudes de cualquiera.

Los pobres, son buenos. Los pobres, son sabios. Los pobres no son egoístas. Los pobres, no se dejan manipular.

Pero a pesar de todas esas bondades que tienen los pobres y la pobreza, Andrés Manuel también les promete, que los va a sacar de ahí.

Los llevará a la clase media.

Pero no los hará como esos clasemedieros venidos a más que votan por el PAN y por el PRI.

“Hay un sector de la clase media que siempre ha sido así, muy individualista, que le da la espalda al prójimo, aspiracionista, que lo que quiere es ser como los de arriba y encaramarse lo más que se pueda, sin escrúpulos morales de ninguna índole, partidarios de que el que no transa, no avanza. Es increíble cómo apoyan a gobiernos corruptos, increíble”,

No, Andrés Manuel promete tomar esos pobres como arcilla y convertirlos en una clase media mejor. Una clase media generosa, fraterna, inteligente.

El presidente augura que creará una clase media que, por supuesto, nacerá agradecida con él por haberlos sacado de esa pobreza, que era buena en el discurso, pero que dejó de serlo cuando él lo decidió.

Una clase media, iluminada e inteligente, que ya no votará ni por el PAN ni por el PRI.

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