17 de noviembre 2020

Opinión

#YoQuéVoyASaber | Ulises no nos representa

Yo qué voy a saber

Ya no estoy aquí representará a México en los Oscar y hay una horda de regios preocupados porque vayan a pensar que a todos en Monterrey les gusta la cumbia rebajada. Aseguran que Ulises no los representa, y tienen razón. Ulises representa a los marginados, a esos que han querido borrar y aún así subsisten. […]

Por Carolina Hernández

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Ya no estoy aquí representará a México en los Oscar y hay una horda de regios preocupados porque vayan a pensar que a todos en Monterrey les gusta la cumbia rebajada. Aseguran que Ulises no los representa, y tienen razón. Ulises representa a los marginados, a esos que han querido borrar y aún así subsisten.

Cuando se estrenó Ya no estoy aquí, muchos regios se ofendieron y se preocuparon muchísimo de que los demás fueran a pensar que a todos en Monterrey les gustan las cumbias rebajadas.

Pero sobre todo, insistieron fuertemente en que Ulises no los representaba.

Efectivamente, la cinta de Fernando Frías no representa a ese selectísimo sector de la población de juevecitos de drinks y ropa de marca.

Representa a los marginados, a una tribu urbana que fue condenada coexistir solo en las sombras.

Y ahora, la película también representará a México en los Oscar. 

¡Bruto!

Nuevo León es el estado más rico del país, pero también es el que tiene el mayor nivel de desigualdad de ingresos entre sus habitantes.

El 10% de la población más rica, gana casi 34 veces más que el 10% de la población más pobre.

Es decir, tienen a Cindy la Regia y a Ulises, solo que Ulises, les da pena.

Ese cholombia retrata de manera cruda una subcultura que solo tuvo derecho a mostrarse ante nuestros ojos si era en la nota roja, pone la luz sobre esos a los que tratamos de excluir de nuestra vida cotidiana.

De meterlos debajo de la alfombra porque nos incomoda mucho su existencia estridente de gel y relicarios y pantalones extragrandes y pura cumbia.

Pero Ya no estoy aquí no solo representa ese grupo de Terkos Kolombias que colorearon la Indepe, sobre todo del 2000 al 2010.

Representa a todos aquellos a los que nos empeñamos en marginar y estigmatizar, pero aún así subsisten.

Sobreviven a nuestros prejuicios y a nuestras ganas de borrarlos del mapa.

Esos, que resisten todos los días, aun a pesar nuestro.

Porque en este país hay cholos, punks, floggers, skatos, chacas, emos, góticos, hipsters, rockabillys, otakus y un montón de fauna urbana más que también es México.

Es ese México negado y muchas veces invisibilizado y menospreciado.

La cinta de Fernando Frías no solo le pone el traje de héroe a un pandillero nostálgico.

También nos restriega en la cara, que a Ulises lo creamos nosotros.

Que todos esos cholombianos se construyeron en respuesta a una opresión sistemática. A ese desprecio que los marginó.

En una entrevista, el director explica como para estos morros el baile representaba poder.

“Crees que soy feo y pobre y naco, mira cómo me empodero a partir de ese prejuicio”.

Pero además, es un simbolismo que habla de que, cómo podían controlar su destino, controlaban entonces el ritmo de esa canción y la hacían durar lo que quisieran. 10 minutos o más, porque mientras bailaban eran dueños de todo.

La película representa la resistencia. La búsqueda de nuestra identidad. De una pertenencia.

Ya no estoy aquí es una oda a la nostalgia de esa subcultura prácticamente extinta, pero también un homenaje a esa bandita regia que durante más de una década desafió al Monterrey modernillo de tiendas departamentales y McAllen.

Un reconocimiento a la rebelión de la loma, al sonidero, sonidero nacional… 

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