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14 de Octubre del 2020

Gatell, un cáncer

Lo dicho: el cáncer está en casa. Y hasta ahora la única cura posible son las quimioterapias de realidad que le recetó la senadora Lily Téllez a un López-Gatell convertido en una pandemia de mentiras y pretextos.
Qué pronto se olvidan cuando eran Oposición y con qué rapidez se acostumbran a ser Gobierno. La frase viene como anillo al dedo después de las protestas que generaron los fuertes cuestionamientos de la Senadora Lily Téllez al más infame que famoso epidemiólogo Hugo López-Gatell. Sensible de piel debió salir el responsable de combatir el Coronavirus en México, para que el presidente de la Cámara Alta se viera obligado a suspender la comparecencia en la que al funcionario lo estaban arrollando por el mal manejo de la pandemia. Pero lo dicho por la Senadora Téllez no fue lo peor del día para quien por reiterados apoyos presidenciales sabe que no está solo. El mismo día de la comparecencia, Michael Ryan, director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud, lanzó un severo cuestionamiento a las autoridades sanitarias mexicanas. Y el directivo de la organización en la que López-Gatell se presume como sensei y consejero, afirmó que es una tragedia el hecho de que en México tengan innecesariamente que morir niños con cáncer por falta de medicamentos. “Es una tragedia escuchar que en México o en cualquier otro país los niños van a morir de manera innecesaria por cánceres que pueden ser tratados”. Ryan hizo esas declaraciones después de conocerse el robo de 37 mil 956 dosis de medicamentos para tratar pacientes con cáncer, almacenados en las instalaciones de la empresa Novag Infancia S.A. de C.V. El atraco sucedió la mañana del 4 de octubre en los almacenes ubicados en la colonia Santa Isabel Industrial, en Iztapalapa. Pero no fue hasta el 10 de octubre en que las autoridades capitalinas dieron a conocer públicamente el robo. El caso es tan dramático, que el presidente Andrés Manuel López Obrador abordó el tema en su Mañanera del pasado lunes y calificó el robo como “muy raro”. “Se llevó a cabo este robo de medicamentos, nos costó trabajo conseguir estos medicamentos, los trajimos de Argentina. Está esto muy raro. Y nos roban de una bodega estos medicamentos… entonces se está haciendo la investigación”. Al menos el presidente dijo que aquello estaba “muy raro”. Pero las declaraciones que no tienen desperdicio son –una vez más- las de López-Gatell. Y en su calidad de subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud –léase Secretario de Salud de facto- descartó que por el robo fuera a darse un desabasto de medicamentos oncológicos. Pero en esa misma declaración, el epidemiólogo se contradijo. Admitió que al Gobierno le llevará unas semanas reponerse del robo. ¿Entonces? ¿En qué quedamos? Si no hay desabasto y -como dice él- existen otras fuentes de abasto, ¿por qué tardarán en reponerse del robo? Y todavía buscando lavarse las manos, López-Gatell minimizó el hecho diciendo que le robaron a un proveedor, no al gobierno, no a la Cofepris de la que ahora también es jefe. Como si eso hiciera la diferencia en darle o no el tratamiento a los niños con cáncer. “No es una bodega de Cofepris, no es una bodega de la Secretaría de Salud, del ISSSTE, IMSS o de alguna institución pública… Es muy desfavorable, pero no le ocurrió un robo al Gobierno…” Al final del día, el hecho es que el epidemiólogo presidencial y el gobierno de la Cuarta Transformación nunca pierden. Jamás se equivocan. Siempre declaran que no existe desabasto de medicamentos para tratar el cáncer infantil, que ahora con el robo de las 37 mil dosis de oncológicos tampoco lo habrá y que están tranquilos porque el robo no fue al gobierno, sino a un laboratorio privado. Si López-Gatell quiere saber la verdad, que deje el escritorio y se vaya a la calle con los reporteros de Televisa. Ellos presentaron el lunes por la mañana un excelente reportaje, con imágenes del mercado negro de esos medicamentos afuera de las farmacias de la Ciudad de México. Curioso que sean los periodistas –y no el Gobierno- los que den con ese tráfico del dolor humano, mientras que López-Gatell y sus policías de la salud ni sudan ni se acongojan. Lo dicho: el cáncer está en casa. Y hasta ahora la única cura posible son las quimioterapias de realidad que le recetó Lily Téllez a un López-Gatell convertido en una pandemia de mentiras y pretextos.