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30 de Septiembre del 2020

El precio de su salida

No acaba septiembre y el presidente López Obrador vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de dejar el Palacio Nacional antes de concluir su mandato.
El presidente Andrés Manuel López Obrador ya le puso un precio a su salida. Lo pactó ayer martes, para sorpresa de los que saben leer los mensajes desde el púlpito mañanero. “Y en mi caso, a la primera manifestación de 100 mil y que yo vea que en las encuestas ya no tengo apoyo, ¡a Palenque, Chiapas! Ni siquiera esperó la revocación del mandato. Ahí nos vemos, porque tengo principios. Pero el inquilino de Palacio Nacional fue todavía más allá. Y sin cortapisas, evocando historias del pasado, citó la impronunciable palabra “renuncia”. “Les conté que cuando tomaron la UNAM, un grupo, estaba don Pablo González Casanova y era presidente Echeverría, quien gobernaba. Le mandó decir que, si se lo pedía, él mandaba a desalojar a los que tenían tomada la UNAM. Y dijo don Pablo: No… Prefirió renunciar. Entonces, tenemos principios, tenemos ideales y ojalá y se debata más este asunto, sí, con mucha objetividad…”. Hasta ayer, la tesis de la despedida se fundaba en algunas declaraciones melancólicas, pero parecía que solo rondaban las fronteras de la especulación. A partir de su sentencia mañanera de ayer, su salida tiene un número: 100 mil manifestantes y encuestas de popularidad sin apoyo. Ya en el video editorial del viernes 4 de septiembre que titulamos “Con Olor a Despedida” decíamos que había en el rostro del presidente un dejo de tristeza y un fuerte olor a despedida. Y hacíamos referencia a lo que dijo en La Mañanera del pasado 15 de abril, donde ya daba por sentado que el primero de diciembre terminaría de establecer las bases de la transformación. “Ya de una vez, yo les digo. Para el primero de diciembre ése es mi compromiso, yo termino de establecer las bases de la transformación. El primero de diciembre. Ya les comento. La última reforma a la Constitución que me interesaba muchísimo fue la reforma al cuarto constitucional. Ya se aprobó. Que es toda una revolución pacífica. Ya me puedo ir tranquilo. No hace falta que yo esté aquí a la fuerza…” Pero esa cita, aparentemente casual, fue reforzada en su homilía matutina del dos de septiembre, un día después del Segundo Informe. “Para sentar las bases, al primero de diciembre. Porque en estos tres meses vamos a avanzar muchísimo para dejar ya los cimientos y luego terminar la obra de edificación. O sea, consolidar la transformación”. Lo cierto es que no acaba septiembre y el presidente López Obrador vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de dejar el Palacio Nacional antes de concluir su mandato. ¿Cuál es la insistencia de reiterar algo que suele ser tabú para quien detenta el poder? Para algunos, el presidente López Obrador solo está jugando a la provocación. A dejar que se asome la posibilidad de su renuncia, para bajar las presiones impuestas por algunos grupos políticos. Pero dicen que esa salida jamás se dará. Otros, sin embargo, advierten que el entorno del gobierno de la Cuarta Transformación se está volviendo inmanejable. Los problemas se multiplican por horas, sin que se vea en el horizonte un destino con final feliz. No solo por el enrarecido ambiente nacional, sino por el complicado e incierto panorama global. Su partido, Morena, el que le tendría que garantizar la victoria el próximo 6 de junio para conservar el control del Congreso, se desangra en una pugna intestina de tribus. ¿O deberíamos decir, en una lucha entre zopilotes que ya olfatearon la muerte? A pesar del discurso de las finanzas sanas, el Erario está urgido de recursos. Por eso la urgencia de desaparecer los 109 fideicomisos y de buscar, sin elevar impuestos, cómo reforzar la recaudación. La crisis de la pandemia tiene a México con el peor índice de mortalidad por contagios. Once por ciento de mortandad en México, cuatro o cinco veces más que el resto del mundo. A pesar de las falsas estadísticas que a diario nos vende Hugo López-Gatell. Los ignorados gobernadores, despreciados por el discurso oficial, se dividen en dos facciones. Los tradicionales y leales, arropados en la inútil Conago, y los rebeldes del Frente Federalista que ya están pintados para la guerra fiscal. El Ejército enfrenta -con justicia- su primera sentada en la barandilla de los acusados por desaparecidos. Ya hay órdenes de aprehensión para algunos militares por el caso Ayotzinapa. La intranquilidad adopta los colores verde olivo. La lucha por el agua -natural o provocada- se despertó en la tierra de Pancho Villa, y los campesinos y agricultores amenazan con no bajar su beligerancia. El ejemplo de Chihuahua puede cundir en otras latitudes. A pesar de los esfuerzos desde la Secretaría de Gobernación, el discurso presidencial parece divorciado de la ola creciente de repudio y manifestaciones por los feminicidios. Las imágenes de las confrontaciones feministas dan la vuelta al mundo. Y el radicalismo de los líderes de FRENAAA enciende el discurso de confrontación y se planta en un Zócalo envuelto en tiendas de campaña, muy útiles para la colorida fotografía que circule por todo el mundo. ¿Alguien quiere gobernar un México así? Por eso nadie debe sorprenderse. El mensaje presidencial es que si la inestabilidad económica, política y social crecen, y se tienen que traicionar principios, el mejor de los caminos será irse a la….. hacienda de Palenque, a la selva de Chiapas.