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10 de Septiembre del 2020

Casinos en la 4T

Ni Ricardo Peralta, ex subsecretario de Gobernación, ni Calvo Reyes, ex director de Juegos y Sorteos, despacharán ni en Bucareli ni en la casa de las Lomas.
Las palabras Secretaría de Gobernación, juegos de azar, casinos y loterías, están íntimamente relacionadas. En México no viven las unas sin las otras. Desde que Fernando Gutiérrez Barrios pasó por Bucareli en el gobierno salinista, las casas de juego vieron -legal o clandestinamente- sus mejores días en nuestro país. José María Guardia, prestanombres del entonces Secretario de Gobernación y amigo de obispos y cardenales, fue el favorito de aquel sexenio. Y un paquete de acciones del entonces Hipódromo de las Américas, endosadas a un familiar directo de “don Fernando” para renovarle el contrato por 25 años, demostraron la corrupta colusión entre gobierno y apostadores. Pero el creciente boom de los casinos se vivió a partir del sexenio del panista Vicente Fox. Baste recordar las decenas de permisos para abrir casinos que Santiago Creel dió antes de cerrar el sexenio. El escándalo fue tal, que involucró incluso permisos para familiares, lo que le costó al entonces Secretario de Gobernación la candidatura presidencial del PAN en 2006. La suerte le sonrió a Felipe Calderón. Y fue en ese sexenio del haiga sido como haiga sido, que personajes como Iván Peña Neder se convirtieron en los embajadores entre los casineros y Gobernación, una dependencia por la que pasaron tres titulares, dos de ellos muertos en accidentes aéreos. Con Enrique Peña Nieto las cosas no fueron distintas. Los casinos se volvieron la nueva normalidad urbana, el patio de recreo de adultos de la tercera edad y de las damas con sobreoferta de ocio. Miguel Ángel Osorio Chong recurrió de nuevo a los servicios de Peña Neder, entre muchos otros, para negociar lo necesario. Pero en la campaña presidencial del 2018 resonaron fuerte las promesas del candidato López Obrador, quien prometió no solo no dar una autorización más para casinos o loterías, sino regularizar todo lo que operaba con permisos falsos, fotocopiados. Con Olga Sánchez Cordero como inquilina de Bucareli se garantizaría una relación legal, para dejar operar lo sano y cerrar lo que se hacía al margen de la ley. Y todo comenzó bien, hasta que el gobierno de la Cuarta Transformación le entregó la subsecretaría de Gobernación a un Ricardo Peralta, quien venía de ser removido como director de Aduanas en medio de oscuros resultados. Y ahí comenzaron las apuestas fuertes. En México existen cerca de 350 casinos legalizados y otros 100 que operan en la ilegalidad. Y ese es el drama para los mexicanos y la oportunidad para los funcionarios corruptos. Calificados muchos de ellos como la “Banca Negra” donde se lavan todo tipo de recursos, la aproximación de sus propietarios y administradores era inevitable con el nuevo gobierno lopezobradorista. Por eso tan pronto se instaló en Bucareli, y a espaldas de su jefa –la secretaria de Gobernación- Ricardo Peralta abrió una oficina privada alterna en Avenida Palmas, para que fuera la sede de las negociaciones y los favores con los casineros. Para operar, el subsecretario de Gobernación fichó los servicios de Raúl Rocha, el célebre casinero regiomontano y dueño del Casino Royale. El mismo trágico casino de Monterrey en el que un atentado del crimen organizado le costó la vida a 52 personas, el 25 de agosto de 2011. Y con todo un bien montado operativo desde la oficina alternativa se dedicaron a regentear e incluso a cobrarles piso a casinos y centros de juegos, incluyendo a los más formales como los de Codere, Caliente, Cyrsa y Televisa. La crisis vino con la pandemia, en la que se abrió una mesa de negociaciones para tratar de acelerar la reapertura. Y para ello se estaba fijando una cuota de 350 mil pesos por casino. Unos 120 millones de pesos sobre esa “mesa negociadora”. Algo debió descubrir la Secretaria Sánchez Cordero e incluso el presidente López Obrador, que aprovechando la bendita austeridad se anunció la desaparición de la subsecretaría en la que despachaba el siempre cuestionado Ricardo Peralta. Y unos días después de manera abrupta -algunos dicen que hasta violenta- vino la “renuncia voluntaria” a la dirección de Juegos y Sorteos de Luis Calvo Reyes bajo presuntas acusaciones de que habrían otorgado permisos para reabrir u operar nuevos casinos. Lo cierto es que ya ni Peralta, ni Calvo Reyes, ni Rocha, despacharán ni en Bucareli ni en la casa de las Lomas. Apostaron fuerte y perdieron su resto. Sería bueno que aprovechando la limpia, la secretaría de Gobernación enviara a la nueva titular, Laura Itzel de Lira Castillo, a poner en orden las casas de juego en todos los Estados. Esa sí que sería una apuesta ganadora.