FACEBOOK

VISTAS
08 de Mayo del 2019

El hombre de Trump en Venezuela

Su nombre es Elliott Abrams: un personaje que fue declarado culpable por mentir sobre el escándalo Irán-Contra de los ochenta, que fue acusado de encubrir una masacre de más de mil personas en El Salvador y que es señalado como autor intelectual del fallido golpe de Estado contra Hugo Chávez en el 2002

Elliott Abrams es el hombre clave de Donald Trump en Venezuela.

Se trata de un personaje cuya carrera resume  el desastre de la intervención estadounidense en América Central en la década de los ochenta y la influencia que mantiene el establishment de política exterior en Washington.

En el 2002, el periódico The Observer se refirió a Abrams como el personaje central del fallido golpe de Estado en contra de Hugo Chávez.  En ese momento, era asesor adjunto de Seguridad Nacional en la Casa Blanca de George W. Bush.

Abrams fue parte del equipo que convenció al Presidente de llevar a Estados Unidos a intervenir en Iraq.

Sin embargo, la carrera de este personaje está marcada por su agresivo papel en América Latina: fue responsable de financiar y supervisar el entrenamiento de fuerzas paramilitares que eran disidentes de gobiernos de izquierda.

Human Rights Watch acusó a Abrams de encubrir la masacre de El Mozote en El Salvador, en la que más de mil personas, incluidas mujeres y niños, fueron asesinadas por el ejército del dictador Efraín Ríos Montt.

En 1985, siendo Secretario de Estado Asistente en la Administración de Ronald Reagan, Abrams testificó ante el Congreso de Estados Unidos.

“El propósito de nuestra ayuda en América Central es la de permitir que las personas que están peleando de nuestro lado utilicen más violencia”.  Sus palabras estigmatizaron el modus operandi del Departamento de Estado.

Abrams fue condenado por esconder información al Congreso sobre el escándalo Irán-Contra, en la que altos mandos del Departamento de Estado realizaron operaciones ilegales y violaron el embargo armamentístico de Irán para triangular la venta de armas a grupos relacionados con el régimen del Ayatola iraní y financiar indirectamente el armamento de la guerrilla nicaragüense que estaba peleando contra el régimen sandinista.

A pesar de ello, recibió el indulto presidencial de George H.W. Bush.

Cuando Donald Trump ganó las elecciones, Elliott Abrams no era parte de su círculo cercano. De hecho, fue uno de los miembros del Partido Republicano que criticó públicamente al Presidente como alguien inviable para ejercer el cargo.

La posición de Abrams en la Casa Blanca habla de la ambivalencia de la administración de Donald Trump frente a Venezuela.

Eurasia Group, una de las firmas de inteligencia geopolítica más importantes del mundo, lo explica de este manera: Trump tiene un discurso agresivo en relación al régimen de Nicolás Maduro, pero Venezuela simplemente no es parte de las prioridades de política exterior de esta administración.

Y eso tiene sentido. En el 2016, los votantes de Donald Trump de Ohio, Indiana y Pennsylvania privilegiaron su discurso de America First por encima de las ofertas de una política exterior intervencionista de candidatos como Jeb Bush o Marco Rubio.

De hecho, el primer candidato presidencial en advertir que Estados Unidos debe mantenerse al margen de la crisis política de Venezuela fue Bernie Sanders, el demócrata que empuja una fuerte agenda laboral a favor de la clase obrera de estados como Ohio, Indiana y Pennsylvania.

En medio de esta coyuntura política, Donald Trump ha contradicho más de una vez a dos de sus alfiles más importantes en Venezuela: el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton y su Secretario de Estado, Mike Pompeo; ambos halcones veteranos del establishment de política exterior de Washington.

Para muchos, el futuro de Venezuela yace en las potenciales defecciones del ejército que respalda a Nicolás   Maduro. No obstante, el destino de Juan Guaidó y del resto del país depende todavía más de la correlación de fuerzas al interior del sistema político de Estados Unidos.