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27 de Agosto del 2019

¿Quién debe salvar el Amazonas?

Mientras los líderes del mundo se pelean, la selva arde
Jair Bolsonaro es el presidente de Brasil y es el principal custodio del bosque tropical más grande del mundo. Sabemos que, por muchas razones, el político de ultraderecha no es el más popular. Para muchos es gran villano detrás de los incendios que amenazan con desaparecer el Amazonas. Y quizá sí, pero Bolsonaro no es el único malo del cuento. Sí, Bolsonaro podría dejar de pelear con opositores y hacer mucho más para combatir las quemas y la deforestación en su territorio amazónico. Pero si el Amazonas es el pulmón del planeta, ¿quienes más contaminan no estarán obligados también a salvarlo? Tomemos dos ejemplos: Noruega y Alemania. Los dos países europeos han contribuido cientos de millones de euros al Fondo Amazonia, el mecanismo de cooperación internacional que más recursos ha aportado para reducir los gases de efecto invernadero causados por la deforestación en esa región. Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, Noruega, el principal donante, anunció la congelación de ayudas para los proyectos de conservación del Amazonas por un importe de 30 millones de euros, después de que el Gobierno brasileño cambiara de forma unilateral al equipo directivo que gestiona el fondo. Y Alemania, el otro país patrocinador, también suspendió una aportación similar y está analizando ya no contribuir más el fondo Amazonia. ¿Las razones? Los noruegos afirman que Brasil rompió las reglas del acuerdo y alemanes no confían en que la administración de Bolsonaro continúe con las políticas de reducir la deforestación a las que se habían comprometido gobiernos anteriores. Digamos que los motivos por las cuales Alemania y Noruega suspenden el Fondo Amazónico son válidas. Ahora, ¿qué hacen ellos frente a la crisis climática? Con emisiones de carbono de 797 mil toneladas de dióxido de carbono en 2017, según datos oficiales de la Unión Europea, el país germano se ubicó como uno de los que más gases invernadero arrojan a la atmósfera. El mismo año, Brasil contribuyó a la cifra negra con 492 toneladas de CO2. O sea, Alemania es el sexto país más contaminante de dióxido de carbono en el mundo, y Brasil el treceavo. En tanto, México se ubicó en el número 12 de la lista. Pero bueno, nosotros no hablamos mucho sobre medio ambiente. Ahora, hablemos de Noruega. Ciertamente, el país nórdico hace esfuerzos notables para transicionar de una economía altamente dependiente de la explotación y refinación petrolera, a una basada en energías renovables. No obstante, si nos basamos en las cifras de 2018, Noruega es el 37º emisor de gases invernadero per cápita en el mundo. Eso significa que el contaminante número 37 del mundo per cápita le pide rendición de cuentas al número 111 del mundo. Sí, un ciudadano noruego lanza a la atmósfera cuatro veces más CO2 a la atmósfera que uno brasileño. Entonces, nos caiga bien o no Jair Bolsonaro, su argumento tiene fundamento y funciona muy a su favor entre sus simpatizantes. Principalmente, entre aquellos con intereses económicos en la Amazonia, a quienes no les importa que la selva se convierta en cenizas. Y si no se fuera poco, a esa catástrofe agreguémosle el hecho de que la guerra comercial entre Estados Unidos y China -por mucho, los dos mayores contaminantes del planeta- pudiera estar contribuyendo directamente a los incendios en la Amazonia. Y que las amenazas de sanciones económicas de Francia a Brasil durante la cumbre del G7, solo parecen echarle más leña al fuego: Mientras tanto, las llamas en la Amazonia no dejarán de arder. Así que mientras ellos se pelean, ¿quién salvará la Amazonia?