18 de octubre 2021

5 de octubre 2021

Internacional

Washington responde al desafío de Ebrard

A pesar de que México insiste en que su política de seguridad es independiente de Estados Unidos, la DEA y el fiscal general Merrick Garland elevan la presión para que el gobierno de López Obrador regrese a una política de captura de líderes de los cárteles de la droga

Por Redacción Magenta

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Marcelo Ebrard, secretario de Relaciones Exteriores, insistió en el uso de la palabra “reciprocidad” para describir los objetivos de la reunión de alto nivel en materia de seguridad que se llevará a cabo este viernes con altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos.

La idea esencial del canciller es que las peticiones de México, en relación al control de armas, solicitudes jurídicas y extradiciones deben tener el mismo grado de prioridad que las peticiones que realice Washington.

Éste será el eje central de la discusión que sostendrá el gabinete de seguridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador con Antony Blinken, secretario de Estado; con Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Interior (Homeland Security); y con Merrick Garland, fiscal General.

En el discurso, Ebrard ha construido la narrativa de una política exterior y de seguridad independiente de los lineamientos establecidos por las agencias de seguridad e inteligencia de Estados Unidos. El secretario de Relaciones Exteriores ha sido consistente en declarar el fin de la Iniciativa Mérida, un programa bilateral de 3 mil millones de dólares, calificándola como un proyecto asistencialista.

En la administración de Andrés Manuel López Obrador, la Iniciativa Mérida no se entiende como un sinónimo de cooperación, sino como un reflejo de la política de descabezamiento de cárteles que potenció el gobierno de Felipe Calderón o como el origen la llamada guerra contra las drogas.

La retórica del presidente López Obrador y del canciller Ebrard contrasta con la presión que ha ejercido Washington en las últimas semanas.

Alejandro Gertz Manero, el fiscal general que ha estado bajo un fuerte escrutinio por su polémico rol en el procesamiento de miembros de la comunidad científica y por dos casos vinculados a potenciales conflicto de interés, dejó de lado sus prioridades domésticas para acudir a una reunión en Washington con su homólogo, Merrick Garland, el 30 de septiembre.

La comunicación oficial del encuentro hizo énfasis en que se trataron investigaciones criminales sobre lavado de dinero, delitos transfronterizos y el estatus de solicitudes de extradición. El documento no hizo referencia alguna respecto a la participación que tuvo en la reunión la titular de la DEA, Anne Milgram.

Un día después del encuentro, Milgram declaró en una conferencia de prensa que estuvo presente en la reunión con Gertz Manero y que le exigió tres cosas al fiscal general de México: reanudar las operaciones conjuntas de la DEA con las fuerzas policiales y de seguridad del Estado mexicano (que fueron suspendidas después de la detención del general Salvador Cienfuegos), poner especial atención a los procesos de extradición solicitados por Washington y facilitar el proceso para compartir inteligencia del aparato de seguridad mexicano con los agentes de la DEA.

Carlos Pérez Ricart, un académico del CIDE especializado en temas de seguridad, argumentó en un artículo de opinión para el portal Sin Embargo, que este desplante de Milgram pone de relieve que la relación del gobierno mexicano con la DEA pasa por su momento más bajo en los últimos treinta años.

La comunicación de Washington con Gertz Manero ha sido constante. El fin de semana pasado, el fiscal general se reunió con el embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar. Incluso, fungió como su anfitrión en un paseo por la Ciudad de México.

En México, fuentes cercanas a Palacio Nacional describen la reunión entre Gertz Manero y Garland como hostil. El fiscal general de Estados Unidos habría reclamado a su homólogo mexicano el abandono de la política de captura de capos de la droga.

La administración de Joe Biden ha mantenido intacta esta política de presión para que el gobierno mexicano detenga y extradite a los liderazgos de los cárteles mexicanos, particularmente del Cártel de Sinaloa y del Cártel Jalisco Nueva Generación.

El 22 de septiembre, una semana antes de la reunión de Garland y Milgram con Gertz Manero, la DEA triplicó la recompensa (15 millones de dólares) que se ofrece por información que lleve a la captura Ismael “El Mayo” Zambada, actual líder de las principales células que componen al Cártel de Sinaloa.

El espacio de gestión de la relación bilateral, que es altamente compleja, ha sido ocupado en gran medida por la crisis migratoria en la frontera entre México y Estados Unidos. La creciente presión de Garland y Milgram sugiere que Washington está llevando la conversación a un nuevo estadio. pese a lo que digan públicamente el canciller Marcelo Ebrard y el presidente Andrés Manuel López Obrador.

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