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03 de Julio del 2018

Coreografía electoral

La victoria de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del domingo, la coreografía de su triunfo ocurrió en seis actos. Conoce los detalles aquí
Cuando la noche del primero de julio volvía a casa con la certeza de que Andrés Manuel López Obrador era reconocido sin regateo alguno como el nuevo presidente de México, una extraña sensación me asaltó. En las siete elecciones que he cubierto como periodista, desde la de José López Portillo hasta la de Enrique Peña Nieto, jamás el cierre de la edición de una elección presidencial se consumóantes de las dos o tres de la mañana. La experiencia más cercana fue la del 2 de julio del 2000, en la que Vicente Fox fue reconocido como presidente electo la misma noche de la elección. Pero esa operación política no fue tan tersa como la que vivimos la noche del domingo pasado. Ernesto Zedillo era el presidente de México y Liébano Sáenz su hombre de confianza, quien en calidad de secretario despachaba con atribuciones de jefe de la oficina presidencial e incluso como secretario de Gobernación. No existía entonces antecedente de una derrota del PRI en elección presidencial. Y tanto Zedillo como Liébano buscaron darle certidumbre a la transición, tan pronto conocieron hacia el mediodía de la elección la ventaja del panista Fox. Pero el reconocimiento de esa histórica derrota tricolor vendría acompañada de una rebelión interna de jerarcas priistas, comandados por Emilio Gamboa y por los gobernadores priistas liderados por el chihuahuense Patricio Martínez. Zedillo fue sometido a todo tipo de presiones por sus correligionarios priistas para que resistiera, pero se instaló en la voluntad de reconocer la transición. Negociaciones de Liébano conFrancisco de Paula, Porfirio Muñoz Ledo y Marta Sahagún, sellaron el pacto transicional. Al que quiera recordar detalles, que lea “Las Horas de la República”, un artículo escrito el 2 de julio del 2003 por Liébano Sáenz, en el diario español El País. Viene la remembranza a cuento, por lo que vivimos con sorpresa la noche del primero de julio en la que, sin rebeldía alguna y en la más completa civilidad, todos, sin distingos, reconocieron la victoria de López Obrador. La coreografía de seis actos se operó en solo tres horas. Primer acto, a menos de media hora de que cerraran las casillas, y en un acto que lo enalteció, el priista José Antonio Meade le alzó la mano al candidato de Morena, aún sin resultados del INE. Segundo acto, una hora más tarde Ricardo Anaya, también  sin regateo alguno, hacía lo mismo que su rival priista. Tercer acto, Lorenzo Córdoba, como presidente del INE, oficializó a las 11 de la noche el conteo rápido y validó oficialmente el triunfo del candidato de Morena. Cuarto acto, el presidente Enrique Peña Nieto salió en cadena nacional a reconocer que su sucesor sería López Obrador e incluso a decir que le habló telefónicamente para felicitarlo. Quinto acto, solo entonces López Obrador salió a proclamar su victoria. Primero con el discurso conciliador en el salón de un hotel, y luego con el discurso más ardiente, pero sin rompimientos, para sus partidarios en el Zócalo. Sexto acto, históricos adversarios políticos y empresariales del próximo presidente enviaron cartas o lanzaron tuits, congratulándose del triunfo de quien solía llamar “El Peligro para México”. ¿Cómo se llamó la obra?. Para unos “La democracia nos golpeó como relámpago”. Para otros,“El arroz ya venía pre-cocido”. Cualquiera que sea la respuesta, sin duda fue buena para México. Pero el verdadero desenlace lo conoceremos entre hoy y el primero de diciembre, cuando López Obrador despache ya en Palacio Nacional. Con la banda presidencial cruzada en su pecho.