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27 de Junio del 2018

Tercer divorcio:
El Péndulo Estable

El PRI como partido hegemónico garantizó la estabilidad en México durante gran parte del siglo XX. Sin embargo, esta fórmula caducó y propició un rompimiento que cambió la historia
La consumación del segundo divorcio, el gestado tras el matrimonio con la Revolución Mexicana, se cristalizó en marzo de 1928. Fue entonces que un puñado de militares encabezados por Plutarco Elías Calles, Gonzalo N. Santos, Manuel Pérez Treviño y Aarón Sáenz, entre otros, fundaron el Partido Nacional Revolucionario (PNR). Fue el cónclave de los caudillos que mudarían el movimiento armado por una estructura política en la que el reparto del poder tendría una ruta institucional, fincada en disciplinas militares como el respeto irrestricto al rango y a la lealtad. A partir de 1929 esa ruta del poder en México pasaría por un sistema pendular en el ejercicio de poder. Un sistema que transitó de gobiernos de izquierda apuntalados en las tesis sociales y la atención a los desposeídos, a gobiernos de derecha que tomaban su fuerza de los beneficios al capital y a sus élites. En 1934 el gobierno socialista del General Lázaro Cárdenas expropió los ferrocarriles y el petróleo. Decretó la Reforma Agraria buscando eliminar la concentración de tierras y creó dos poderosos brazos sindicales de genética social: la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la CNC (Confederación Nacional Campesina). La reacción al llamado cardenismo vino con la elección en 1946 de un hombre de la derecha, Miguel Alemán Valdés, el primer presidente civil de México en la era pos-revolucionaria. El mandatario que venía de gobernar Veracruz, direccionaría el presupuesto público que entonces favorecía el gasto militar hacia el desarrollo de infraestructura y la promoción industrial. La alianza del Estado mexicano ya no es con la Iglesia, ni con los Militares, sino con el Capital. La expansión industrial en todo el mundo lo exigía y fue el despertar de un desarrollo económico que sería conocido como El Milagro Mexicano. Pero los privilegios otorgados a los grandes industriales y la cercanía de su gobierno con los Estados Unidos, instalaron a Alemán como el primer gran presidente de derecha, que a pesar de iniciar su sexenio con enorme popularidad, acabó cuestionado en medio de escándalos de corrupción. La reacción a las políticas pro-empresariales de Alemán tendrían su respuesta con la elección en 1958 de Adolfo López Mateos,  quien con la nacionalización de la industria eléctrica, la creación del libro de texto único y la fundación del ISSTE, transitó hacia un gobierno de corte mas de centro-social. El péndulo político estaba en marcha. En 1964, al asumir la presidencia Gustavo Díaz Ordaz, ese péndulo volvió a la derecha. Y a pesar que durante su sexenio el crecimiento económico fluctuó entre un 6 y un 8 por ciento, con inflaciones apenas del 2.7 por ciento, su gobierno fue estigmatizado por la mano dura, exhibida a plenitud en la Matanza de Tlalteloco del 2 de octubre de 1968. La confrontación del gobierno con un bloque estudiantil universitario, al que se acusaba de estar infiltrado por comunistas, selló el destino “derechista” de un gobierno que gestó acciones trascendentes como la nueva Ley Federal del Trabajo, el Tratado de Taltelolco para proscribir las armas nucleares, la celebración de las Olimpiadas en 1968 y el Mundial de Futbol México 70. Le elección de Luis Echeverría Álvarez, el secretario de Gobernación a quien se le endosaría la responsabilidad de dos matanzas estudiantiles, la de Tlaltelolco y la del Jueves de Corpus, acabó generando un sesgo hacia la izquierda. Echeverría vino ser el artífice del rompimiento del llamado desarrollo estabilizador que heredó, induciendo un gobierno que destapó el gasto público, estatizó empresas privadas sobre endeudadas y arreció la invasión de tierras agrícolas, en un intento por emular el gran reparto que se dio en el cardenismo. Distanciado de la Iglesia, confrontado con los militares a quienes les facturaba la sangre estudiantil derramada en 1968 y 1971, fue incapaz de sostener el pacto con el capital. A mitad de su sexenio la confrontación con la clase empresarial se expresó en los asesinatos de los líderes empresariales Eugenio Garza Sada, el patriarca de Monterrey e Ignacio Aranguren, el mas prominente empresario tapatío. Ambos crímenes, con una diferencia de apenas 23 días. Confrontado simultáneamente con la fe –la Iglesia-, con la esperanza –los militares- y con la caridad –el capital-, Echeverría selló su destino. La deuda pública, sumada al creciente estatismo y su choque frontal con los empresarios, destruyó cualquier vestigio del Milagro Mexicano. El dólar rompió con 22 años de cotización fija de 12.50 pesos por dólar hasta alcanzar los 23 pesos. La primera gran crisis de 1976 sacudió a la nación entera. El divorcio entre el Estado y el capital se consumó. Echeverría fue su instigador al romper los equilibrios con los hombres que lo detentaban.