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28 de Junio del 2018

Sexto divorcio:
El matrimonio PRI-PAN-PRD

Uno de los errores políticos de Carlos Salinas de Gortari como presidente fue el de pensar que su candidato Luis Donaldo Colosio era inmortal
Uno de los errores políticos de Carlos Salinas de Gortari como presidente fue el de pensar que su candidato Luis Donaldo Colosio era inmortal. Jamás articuló un Plan B en caso de que el sonorense declinara, enfermara o como sucedió, lo asesinaran. Y Manuel Camacho, el relevo natural, quedó injugable, al ser el centro de los odios por su rebeldía frente al destape de Colosio. Por eso en los días posteriores al asesinato de Lomas Taurinas se dio una sacudida en la cúpula priista. Porque algunos echeverristas y antisalinistas vieron la oportunidad de asestar un golpe hacia adentro del PRI, imponiéndole candidato a un Salinas confundido y en duelo. Al darse cuenta de la trama, el entonces presidente se vio obligado a improvisar al sustituto. Y eligió a Ernesto Zedillo, otro economista ortodoxo, que garantizara el rumbo e impidiera, por cuarto sexenio consecutivo, que el péndulo diera su viraje hacia la izquierda. Y Zedillo se instaló en Los Pinos gracias al duelo nacional por el asesinato del candidato priista y al sorpresivo silencio que el panista Diego Fernández de Cevallos guardó después de ganar el debate presidencial. Y en la antesala de cerrar el sexenio salinista, con Zedillo como presidente electo, fue asesinado el 24 de septiembre José Francisco Ruiz Massieu, perfilado desde el gobierno saliente como el brazo político del nuevo sexenio. Otro recordatorio desde la Nomenklatura de que la reelección no sería tolerada. Ni con Colosio ni a través del ex cuñado de los Salinas. Pero el desencuentro entre el presidente saliente y el entrante no tardó en asomarse con la crisis de los llamados Tesobonos, una deuda pública en dólares que colapsó a unos días de la toma de posesión del nuevo gobierno. Zedillo culpaba a Pedro Aspe de esconder el tamaño de esa deuda. Y los salinistas acusaron que el desorden económico se dio por un pésimo manejo de la coyuntura económica en los primeros días del nuevo gobierno, lo que desembocó en el desastroso Error de Diciembre. El tamaño de la crisis económica que estalló en 1995 fue descomunal. Porque a diferencia de los descalabros económicos del 76, el 82 y el 87, los damnificados no solo eran el gobierno, las corporaciones y los bancos, sino la población en general. La sensación de crecimiento y bienestar que se logró en el sexenio salinista con el boom económico y el Tratado de Libre Comercio, se tradujo en créditos masivos para autos y vivienda. Las tarjetas de crédito se popularizaron. Y todo ese sueño patrimonial, facturado a largo plazo, se esfumó frente a tasas de interés superaron el 100 por ciento anual y un tipo de cambio que brincó de 4 a 7.5 pesos por dólar. Por primera vez un crisis golpeaba en donde mas dolía:  el patrimonio de todos los mexicanos. El desencuentro de Zedillo con su antecesor fue aprovechado por algunos echeverristas y anti salinistas, quienes  convencieron al nuevo inquilino de Los Pinos de aplacar el descontento social enviando a la cárcel a Raúl Salinas de Gortari. La reacción de Carlos Salinas a la detención de su hermano incómodo fue la de instalarse en una huelga de hambre en Monterrey, para de ahí enfilar rumbo al exilio en Irlanda y Londres. La persecución al ex presidente se convirtió en el mantra del sexenio zedillista, que enfrentó la crisis bancaria con la creación del Fobaproa, un cuestionado rescate que pareció diseñado mas para sacar de sus problemas a los nuevos banqueros que a sus bancos. Un rescate que escondió en los estados de resultados bancarios las enormes deudas de muchas empresas en quiebra técnica. El presidente Zedillo recibió el apoyo por su colega demócrata Bill Clinton, quien por encima del Congreso norteamericano autorizó para México un crédito de 20 mil millones de dólares. Un rescate muy conveniente, bajo el antecedente de que las alianzas de su antecesor Salinas eran con el republicano George Bush. Pero toda esa turbulencia en la transición Salinas-Zedillo se tradujo en que el PRI perdiera por primera vez en 1997 no solo el control del Congreso, sino la jefatura del Distrito Federal, a la que llegó el perredista Cuauthémoc Cárdenas. Los políticos filo-echeverristas avanzaban dentro del gobierno zedillista. Y frente a la elección presidencial del 2000, Zedillo terminó por aceptar la primera derrota presidencial del PRI, antes que dejar Los Pinos de nuevo en manos de salinistas, a quienes anticipaba listos para facturarle en lo personal la revancha del exilio y el encarcelamiento de Raúl Salinas. En diciembre del 2000 Vicente Fox se convirtió en el primer presidente no-priista de México, bajo un aura de esperanza que desde el primer año se fracturó. Curiosamente muy cercano a Luis Echeverría, a quien como gobernador de Guanajuato le regaló un edificio para su Centro de Estudios del Tercer Mundo, el presidente del Cambio no tuvo la voluntad para romper con el andamiaje político creado por un PRI que continuó ejerciendo el poder a la sombra del sexenio panista. Pero Carlos Salinas resultó mas astuto y aprovechó la vorágine de la transición para irse adueñando poco a poco de un gobierno “de oposición”, que acabó pactando en la residencia del ex presidente priista la reforma fiscal panista. En la foto aparecían el secretario de Hacienda foxista, Francisco Gil Díaz, y de lideresa magisterial Elba Esther Gordillo. De hecho aprovechando su cercanía con Marta Fox, La Maestra se convirtió en la articuladora de consensos entre el PRI y el gobierno panista. La consigna era evitar la confrontación. Y ese maridaje entre el PRI y el PAN volvió a cobrar la factura con un PRD que crecía, ahora con el triunfo en 2003 de López Obrador, quien como jefe de gobierno del Distrito Federal articuló una amplia red de intereses políticos, mediáticos y empresariales, que lo enfilaron como favorito en 2005 como candidato presidencial del Sol Azteca. Para entonces los quiebres hacia adentro del PRI entre su presidente Roberto Madrazo, Elba Esther Gordillo, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Chuayffet hicieron crisis, y acabaron por contaminar la sucesión priista. La largamente diseñada candidatura del mexiquense Arturo Montiel fue descarrilada por las filtraciones informativas de un Madrazo que desde la presidencia del PRI se apoderó de la candidatura 2006. Sintiéndose traicionado, el salinismo rompió con Madrazo. Y con La Maestra al frente crearon el bloque de gobernadores bautizado como el TUCOM (Todos Unidos Contra Madrazo). Pero fracasaron en descarrilar esa candidatura. Victimizado con la fallida intentona de desafuero del gobierno foxista, López Obrador creció su popularidad. Y la posibilidad de que la transición panista y su alianza con el PRI neoliberal se esfumara, acabó por sentarlos a la mesa para un nuevo pacto. La Maestra, el TUCOM y el resto del PRI neoliberal apoyarían la candidatura del panista Felipe Calderón, a cambio de que en seis años esa alianza le devolviera al PRI las llaves de Los Pinos. Haiga sido como haiga sido, la alianza 2006 del PRIAN instaló por la puerta de atrás del Congreso a Felipe Calderón en la presidencia. Y la condescendencia entre el PRI y el PAN desdibujó toda frontera ideológica. El rechazo hacia el panismo tolerante se reflejó en 2009 en las urnas, cuando en las elecciones del medio término Calderón y su partido fueron humillados, perdiendo la Cámara de Diputados y las gubernaturas mas emblemáticas. Por eso al llegar la carrera presidencial del 2012, los pactos del 2006 se cumplieron. Fox y Calderón, los dos presidentes panistas, le dieron la espalda a su candidata Josefina Vázquez Mota. Y ambos operaron abiertamente para instalar en Los Pinos al candidato priista Enrique Peña Nieto. López Obrador volvió a ser el gran perdedor, pero ahora en medio de un conflicto con una dirigencia perredista que cada vez se acercaba mas a los intereses del PRIAN que a los de la izquierda progresista. El tabasqueño decidió romper con el Sol Azteca para gestar el nacimiento de Morena. Los papeles del sexto divorcio entre el Estado mexicano y el nuevo establishment están hoy sobre la mesa. Separar los intereses del poder político y del económico es la consigna de Andrés Manuel López Obrador.