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26 de Marzo del 2020

La tormenta perfecta de AMLO se está gestando en Wall Street

Standard & Poor’s rebajó la calificación crediticia de México.El soberano está a dos escalones de ser considerado un bono basura y esto ocurre en medio de la peor salida de capitales de los mercados emergentes en la historia.
El 24 de marzo fue un día de recuperación para los mercados. El tipo de cambio llegó a cotizar por debajo de los 23 pesos por dólar en algún punto de la sesión, el índice Dow Jones subió más de 6 por ciento y el instrumento de Bloomberg que sigue el precio del dólar contra una canasta de divisas globales regresó a su nivel del 19 de febrero, una señal de que se ha podido detener el contagio de pánico en los mercados financieros internacionales.  Sin embargo, para México, particularmente para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, fue un mal día. Es probable que se haya tirado la primer ficha de dominó que podría desencadenar una crisis de confianza en los activos del país. Standard & Poor’s redujo la calificación de deuda soberana de los bonos denominados en moneda extranjera de “BBB+” a “BBB” con perspectiva negativa, lo que significa que podría realizarse otro recorte a la calificación crediticia en los próximos catorce meses.  La agencia crediticia cita el impacto económico de la pandemia del Covid-19 y la drástica caída en los precios internacionales del petróleo como los dos factores principales que fundamentan su opinión. Proyectan una contracción del PIB de 2.25 por ciento para 2020 y hacen referencia a la creciente brecha entre el precio estimado de la mezcla mexicana de petróleo de exportación en el presupuesto (49 dólares por barril) y el valor actual de 14.67 dólares por barril.  “Estos shocks, aunque temporales, empeorarán la ya débil dinámica de la tendencia de crecimiento para 2020-2023, que reflejan, en parte, menor confianza del sector privado y el poco dinamismo de la inversión”, puede leerse en el comunicado de Standard & Poor’s.  Otra grave preocupación es Pemex, una empresa que acumula un pasivo cercano a los 110 mil millones de dólares. La estrecha relación fiscal entre la compañía y el gobierno federal es vista como un riesgo latente para la capacidad del Estado mexicano de cumplir con sus compromisos de deuda.  Adam Tooze, profesor de historia y economía de la Universidad de Columbia, señala que Pemex es una de las mayores amenazas corporativas de los mercados emergentes a la salud del sistema financiero global. Explica que éste podría ser el epicentro de lo que los economistas conocen como “doom-loop”, el círculo vicioso en el que los bancos están fuertemente expuestos al riesgo de bonos soberanos o cuasi-soberanos y deben ser rescatados por el gobierno. Un fenómeno comúnmente asociado a crisis de confianza, altos niveles de volatilidad y salidas e capitales de activos de mercados emergentes.  De acuerdo a Pablo Medina, vicepresidente de Welligence Energy Analytics, más del 80 por ciento de los campos de Pemex están perdiendo dinero con este nivel de precios energéticos. Standard & Poor’s nota que la fragilidad financiera y productiva de la compañía paraestatal se convirtió en un foco de alerta para las finanzas públicas del gobierno mexicano: “Esto refleja una estrecha base tributaria no petrolera, así como limitados ahorros acumulados en sus fondos de estabilización petrolera durante la época de precios altos para los commodities”. Destacan también la reticencia de la política energética del gobierno de López Obrador ha flexibilizar la postura financiera de Pemex a través de asociaciones estratégicas con el sector privado.  La rebaja de la calificación crediticia ocurre en un momento crítico para la estabilidad macroeconómica de los mercados emergentes. Entre el 23 de enero y el 23 de marzo, los inversionistas retiraron más de 82 mil millones de dólares de activos de estas economías de ingreso medio y medio-alto, según un reporte del Instituto de Finanzas Internacionales. Se trata de la peor salida de capitales de mercados emergentes en la historía, tanto por su magnitud como por la rapidez con la que se desenvolvió el desembarco de bonos y acciones de estos países.  Esta semana, un grupo de más de 150 economistas académicos de las universidades más prestigiosas de Europa y Estados Unidos, publicaron un desplegado en el diario Financial Times haciendo un llamado al Fondo Monetario Internacional y al Banco de Pagos Internacionales a diseñar un programa de créditos y apoyos para poder hacer frente a los efectos económicos, especialmente los relativos a la estabilidad financiera, derivados de la pandemia del Covid-19.  Dani Rodrik, economista de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, argumenta que países desarrollados como Estados Unidos tienen la posibilidad de expandir su déficit fiscal hasta niveles de 20 por ciento del PIB para financiar políticas de alivio financiero frente a la catástrofe sanitaria. No obstante, la posición de Rodrik es que si las economías emergentes hicieran lo mismo, las consecuencias inmediatas de una expansión del déficit fiscal de esa magnitud serían una mayor salida de capitales, un aumento permanente de la deuda pública como porcentaje del PIB y una depreciación del tipo de cambio que llevaría a niveles de híper inflación. En pocas palabras, países como México cuentan con un arsenal muy limitado de política económica para sortear shocks de esta naturaleza.  Standard & Poor’s coloca la calificación soberana de México apenas dos escalones encima de la frontera de los bonos basura. Esto condiciona aún más el abanico de políticas públicas del gobierno federal. La agencia refiere que la única manera en que el país puede recuperar la perspectiva estable de la calificación “BBB” es asegurando un clima propicio para la inversión privada y manteniendo un balance fiscal conservador.   En suma, la administración de Andrés Manuel López Obrador está atada de manos para responder a la peor recesión en décadas.