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12 de Agosto del 2019

Sí somos Venezuela… y Brasil

México ya es Venezuela y Brasil. Pero no estamos hablando de política, sino de petróleo.
Por décadas el petróleo fue el recurso que movía todo. Pero ahora, las tres grandes petroleras -la de México, la de Venezuela y de la Brasil-, nos dicen que la cosa ya no va por ahí. La debacle de Pemex, PDVSA y Petrobras tienen 2 elementos en común: corrupción y altos impuestos. Los más recientes escándalos de corrupción en Petróleos Mexicanos comenzaron en 2017, cuando Emilio Lozoya, ex director de Pemex, fue ligado con el Caso Odebrecht. Y es que se dice que recibió sobornos a cambio de contratos. También dicen que los sobornos de Odebrecht sirvieron para financiar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto.  Claro que Lozoya lo niega. Pero este no es lo único escándalo de corrupción alrededor del ex funcionario. Y es que en la administración de Lozoya, Pemex compró una planta chatarra de fertilizantes a sobrecosto. Y otro mal es el huachicol. El robo de combustible implica corrupción a distintos niveles. Y aunque el presidente de México afirma que ya se frenó en un 94%, las bandas que roban gasolina aún operan. Petrobras, la empresa de petróleo brasileña, no se queda atrás, y la investigación Lava Jato es la razón. Los funcionarios de Petrobras recibieron sobornos por dar contratos a sobrecosto. Esta investigación escaló hasta manchar al ex presidente de Brasil, Lula Da Silva, quien permanece en prisión acusado de lavado de dinero por este caso. Pero la venezolana PDVSA es el extremo, se trata de la peor caída de producción petrolera por factores ajenos al negocio Lo que sucedió en Venezuela vale la pena recordarlo. Hugo Chávez le apostó todo al petróleo. Prácticamente toda la economía del país se basó en vender barriles de crudo. PDVSA fue el motor de Venezuela y su poder iba más allá de los recursos petroleros, también logró un poder político que plantó terreno para la corrupción. Con PDVSA no hubo final feliz. En 2014 el barril de petróleo andaba arriba de los 100 dólares y para el 2016 rozó los 28 dólares. Con la caída del precio del petróleo, cayó PDVSA, cayó la economía de Venezuela y cayeron los casos de corrupción. Uno de los casos más graves es el expediente Rincón-Shiera. Se presume que entre 2009 y 2014 contratistas de la petrolera venezolana pagaron sobornos a funcionarios por montos superiores a los mil mdd. Las investigaciones en torno a este caso las lleva el gobierno de los Estados Unidos. La corrupción los comenzó a quebrar… a todos. Hace 4 años, Petrobras estuvo a punto de implosionar por deuda. Y Pemex va siguiendo ese camino. En 2017 Pemex pagó impuestos por 379,322 millones de pesos. Para dimensionar la cantidad de dinero que es, las 104 empresas listadas en la Bolsa Mexicana de Valores (de ese año) aportaron, juntas, la mitad de esa cifra. Pemex paga más impuestos de lo que genera de utilidades. Por eso se tiene que endeudar para cumplir con sus objetivos de inversión. Esto la ha llevado a convertirse en la petrolera más endeudada del mundo. El caso de Petróleos de Venezuela también es crítico, ya que prácticamente es la liga estirada que mantiene “a flote” la economía de Venezuela, si se puede decir que sigue a flote. En 2017 el 90% de sus exportaciones seguían relacionadas con petróleo. En los tres casos se trata de empresas estatales que le salvaron el pellejo a sus países durante años, incluso décadas. Ahora las petroleras están intentando salvarse a sí mismas para no quebrar. Porque inyectarle dinero a su país y mantener la corrupción es una carga bien pesada. Que ni todos los barriles del mundo puede soportar por siempre.