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02 de Abril del 2020

Santiago Levy y Agustín Carstens: los tecnócratas que pueden salvar a México

El gobierno federal se ha limitado a realizar anuncios marginales de la política económica de respuesta al Covid-19. Carstens y Levy tienen algunas ideas.
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador desperdició la oportunidad de enviar el mensaje de que se hará lo que sea necesario para contener el peor colapso de la economía mexicana desde la Gran Depresión. Los Pre-Criterios Generales de Política Económica de la Secretaría de Hacienda para 2021, publicados esta semana, contemplan un déficit fiscal primario de 0.6 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), una cifra conservadora que se queda corta por 45 mil millones de dólares respecto al plan de contingencia económica propuesto por la iniciativa privada.  Esta postura refleja en gran medida el discurso presidencial de que la economía mexicana se encuentra en buen estado, lejos de un escenario de debacle. No obstante, el deterioro de las expectativas de crecimiento económico es evidente: Bank of America pronostica una contracción del PIB de 8 por ciento para este año, una proyección de recesión más profunda que la de la crisis global de 2008-2009 y que la del “error de diciembre” de 1994.  En este contexto, la respuesta del gobierno federal ha sido, en el mejor de los casos, hermética. El empresariado mexicano no ha sido consultado por la administración de López Obrador para rebotar ideas sobre el plan de activación económica. De manera paralela, la falta de un anuncio concreto en materia de política fiscal se conjuga con la filtración de presuntos choques en el gabinete económico y de la hipótesis de que el presidente ha perdido la confianza en el secretario de Hacienda, Arturo Herrera. Ninguna de estas versiones ha sido confirmada.  El silencio de la administración lopezobradorista ha liberado un espacio en el debate público que moldea la política económica del gobierno federal, mismo que pretende ser ocupado por dos voces influyentes de la tecnocracia de gobiernos anteriores: Agustín Carstens, ex gobernador de Banco de México y actual presidente del Banco de Pagos Internacionales; y Santiago Levy, subsecretario de Hacienda en el gobierno de Ernesto Zedillo y actual director del Banco Interamericano de Desarrollo. La preocupación de ambos economistas está en cómo evitar una crisis de liquidez que derive en un espiral negativo de contracción de la actividad económica, una caída del ingreso de los ciudadanos más vulnerables y un congelamiento del crédito que provoque una implosión del sistema financiero.   A diferencia de otras economías emergentes, México no es un “paciente con condiciones pre-existentes” que se encuentre particularmente vulnerable, en términos macroeconómicos, frente a la pandemia del Covid-19. Como se describe en los Pre-Cireterios Generales de Política Económica, el país cuenta con un arsenal suficiente para sortear la crisis: una línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional por 60 mil millones de dólares, reservas internacionales por 185.5 mil millones de dólares, una línea de intercambio de divisas de la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por 9 mil millones de dólares y una relación de deuda pública como porcentaje del PIB relativamente baja comparada con países de calificación crediticia similar.     CIUDAD DE MÉXICO, 21AGOSTO2018.- Santiago Levy, vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).  

La fórmula de Levy

  El argumento de Santiago Levy, expresado en un artículo para la revista Nexos, sugiere que es momento de utilizar este arsenal. El enfoque del subsecretario de Hacienda hace énfasis en medidas para cuidar la liquidez de las empresas formales y el sostenimiento del empleo formal. Propone, entre otras medidas, aumentar el gasto público en el sector salud de manera dramática, una política fiscal contra cíclica clásica. También considera que deben subsidiarse las nóminas de las empresas formales y que se tendrían que cancelar las cuotas obrero-patronales del Afore y el Infonavit con la condición expresa de que ninguna compañía despedirá a sus empleados. Levy apunta que esto resulta más eficiente que aplazar el pago de ISR o el cobro de servicios básicas, dado que reduce la carga de costos de las empresas y mantiene el ingreso del grueso de los trabajadores mexicanos.  De acuerdo al Consejo Consultivo Ciudadano, un think tank dirigido por el ex secretario de Salud, Salomón Chertorivsky, estima que un paquete de medidas similar al propuesto por Santiago Levy implicaría un costo de 5.8 por ciento del PIB.   

La fórmula de Carstens

  El aporte de Agustín Carstens contempla un rol más activo para el banco central en la resolución de esta crisis. Desde su punta de vista,  el Banco de México está en condiciones de garantizar una expansión del crédito de la banca doméstica. El riesgo sería mitigado limitando estos préstamos a empresas formales mexicanas que hayan sido rentables en el 2019, es decir que hayan pagado impuesto sobre la renta el año pasado. En un artículo para el diario Financial Times, Carstens propone que éste sea el monto del crédito, la cantidad de impuestos contribuida por las empresas en 2019. La idea tiene el objetivo de sostener la liquidez de las cadenas de valor de la economía mexicana, un elemento clave para evitar un cascada de bancarrotas ocasionada por las medidas de aislamiento social.  México tuvo la ventaja de estar detrás de la curva global de contagio del Covid-19. El país contó con un mes adicional para tomar medidas de control sanitaria. Sin embargo, en materia económica, el impacto financiero fue simultáneo al del resto del mundo. Y el consenso de economistas coincide en que el congelamiento de la oferta y la demanda agregada está por llegar a su peor punto en las próximas semanas.  Ante este escenario, el gobierno federal se ha limitado a anunciar una ampliación marginal del déficit por 13 mil millones de dólares, calculado a partir de la reducción del balance fiscal primario de 0.7 por ciento del PIB a -0.6 por ciento del PIB. Este monto es equivalente a la propuesta de contingencia económica que hizo el Consejo Coordinador Empresarial hace casi tres semanas en la Convención Bancaria de Acapulco. Desde entonces, han cambiado muchas cosas. Las condiciones económicas a nivel global se han deteriorado de manera notoria.  Los Pre-Criterios Generales de Política Económica de la Secretaría de Hacienda “incorporan los efectos de un choque drástico sobre el escenario económico de México y el resto del mundo, derivado de la pandemia asociada a la enfermedad denominada Covid-19”, según refiere el documento. A pesar de ello, los agentes económicos, inversionistas, consumidores, empresarios y trabajadores; siguen a la espera de un anuncio integral de parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Santiago Levy y Agustín Carstens ofrecen un borrador inicial de certidumbre.