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16 de Marzo del 2020

¿Peor que en 2008? : Las consecuencias económicas del Covid-19

Jason Furman, asesor económico en jefe de la administración de Barack Obama, sostiene que la pandemia del Covid-19 representa un golpe sin precedentes para la economía global dado que ha inducido, de manera simultánea, un choque de oferta y de demanda. “La situación se siente mucho peor que en el 2008”.
El hecho de que el tipo de cambio haya alcanzado un máximo histórico de 22.87 pesos por dólar apenas comienza a describir la fragilidad de los mercados financieros internacionales en el contexto de la peor pandemia global en una generación. El fin de semana, la Reserva Federal de Estados Unidos, el banco central más influyente del mundo, tomó medidas extraordinarias para mantener niveles adecuados de liquidez y un funcionamiento ordenado de los mercados: redujo la tasa de interés de referencia a prácticamente cero y anunció un programa de compra de activos de 700 mil millones de dólares. A pesar de ello, el lunes, los mercados bursátiles estadounidenses suspendieron actividades por tercera vez en el mes debido a que se presentó una caída de más de 8 por ciento en el índice S&P 500 en los primeros minutos de operación de la jornada. El precio del barril de petróleo WTI se ubicó por debajo de la barrera psicológica de 30 dólares por primera vez desde el 2016, un reflejo de que el consenso de analistas espera una desaceleración significativa de la actividad económica real. Goldman Sachs proyecta que la economía de Estados Unidos se contraerá 5 por ciento en el segundo trimestre del 2020, una cifra que luce optimista a la luz de la caída de 25 por ciento en la inversión fija bruta de China en los dos primeros meses del año. Jason Furman, asesor económico en jefe de la administración de Barack Obama, sostiene que la pandemia del Covid-19 representa un golpe sin precedentes para la economía global dado que ha inducido, de manera simultánea, un choque de oferta y de demanda. “La situación se siente mucho peor que en el 2008”, dijo. La parálisis de la actividad económica por las medidas de aislamiento social ha llevado a las autoridades de política económica de Estados Unidos y Canadá a considerar herramientas de alivio financiero para la población. Esto podría incluir la transferencia directa de efectivo para realizar compras de bienes esenciales y pagar deudas y rentas. Se trata de políticas que cuentan con el apoyo de todo el espectro partidista. Este tipo de medidas están orientadas a atender un fenómeno que no se presentó en la última recesión, en el que “el tiempo económico se ha detenido, pero el tiempo financiero sigue su curso”, tal como lo explica Lawrence Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos. En Francia, el gobierno de Emmanuel Macron propone asumir los créditos privados, suspender el pago de rentas, la recolección de impuestos y el cobro de servicios de luz, agua y gas con la finalidad de no abrumar financieramente a una población en paro. El programa de alivio financiero del gobierno francés también estipula un paquete de 300 mil millones de euros para evitar la quiebra de empresas. Sin embargo, el consenso de economistas coincide en que el reto más relevante no está en la eventual reactivación de la actividad económica, que puede ejecutarse a través de una “bazuca fiscal” que eleve el nivel de gasto público, sino en mantener a flote los mercados financieros. La crisis de 2008 se originó en el sector financiero y se extendió a la economía real. Ahora, sucede lo contrario. Un congelamiento sin precedentes de la oferta ha derivado en una caída de más de 30 por ciento del índice S&P 500 en relación a su máximo histórico. La firma de inversión Bianco Research argumentó en una nota para clientes que el episodio del lunes pudo haber marcado un punto de inflexión histórico para los mercados financieros dado que los índices bursátiles reaccionaron de manera negativa a las medidas extraordinarias de la Reserva Federal. Sugieren que esto significa que los bancos centrales, que durante las últimas tres décadas han actuado como último garante de estabilidad financiera, agotaron todas las herramientas a su alcance para evitar un deterioro de las condiciones de mercado. Eso implica que se ha perdido la confianza en la habilidad de los bancos centrales para mantener a flote al sector financiero. El fracaso de la política monetaria de emergencia de la Reserva Federal se vuelve patente en el resultado de la jornada del lunes: una caída de 11.98 por ciento en el índice S&P 500 y una pérdida de 12.93 por ciento en el índice Dow Jones, el peor retroceso desde que inició la pandemia del Covid-19. “Si los mercados de riesgo llegan a nuevos mínimos, los reguladores y oficiales de gobierno no tendrán otra opción que cerrar los mercados financieros temporalmente para prevenir el caos y el daño de largo plazo”, puede leerse en el reporte de Bianco Research, lo que pone en perspectiva la gravedad de los efectos económicos de la pandemia. En los próximos días se harán evidentes las consecuencias de la creciente aversión al riesgo de los mercados financieros en las economías emergentes. El nivel del tipo de cambio peso-dólar retrata lo que el Instituto de Finanzas Internacionales describe como la peor salida de capitales de países emergentes desde la crisis financiera de 2008. Desde el 21 de enero, se registran flujos financieros negativos por 54.7 millones de dólares desde países de ingreso medio-alto, incluido México. El peso mexicano es la moneda emergente de mayor liquidez, un termómetro de la aversión al riesgo de Wall Street en relación a economías emergentes. Robin Brooks, economista en jefe del Instituto de Finanzas Internacionales y ex director de estrategia de divisas de Goldman Sachs, explica que estas salidas de capital se exacerbaron el fin de semana, luego de que los planes de emergencia de la Reserva Federal no incluyeron líneas de crédito emergente con los bancos centrales de países de ingreso medio-alto. La Secretaría de Hacienda reconoce que “en algún momento, incluso en el mejor de los escenarios, México va a recibir el golpe económico”. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador está consciente de la exposición del país a los shocks exógenos de los mercados financieros y a las propias consecuencias de la contención del Covid-19 en México. Sin embargo, la política fiscal mexicana aún no contempla un esfuerzo para expandir el gasto público y atenuar la recesión. El fin de semana, Barclays cambió su pronóstico de crecimiento para la economía mexicana. Espera una contracción de 2 por ciento para 2020. La dinámica inestable de los mercados financieros, el uso de herramientas heterodoxas para hacer frente a la crisis y la incertidumbre respecto a las iteraciones del efecto del Covid-19 sugieren que el capitalismo del siglo XXI está por entrar a una nueva fase. México no está exento de esta realidad. Lo peor podría estar por venir.