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17 de Septiembre del 2019

El otoño árabe de Pemex

La creciente tensión en Medio Oriente se volvió el vehículo para alcanzar el alza en el precio de los hidrocarburos que la compañía mexicana ha esperado durante años. Se abre una oportunidad para México.

El escalamiento de tensiones entre Irán y Arabia Saudita representa una oportunidad para México, concretamente para Pemex.

El precio de los contratos de futuros de petróleo a una semana registraron su mayor alza en la historia luego de que una planta petrolera saudí fue bombardeada en un ataque de drones que, según el gobierno de Estados Unidos, habrían sido patrocinados por Teherán.

El valor del barril Brent de referencia internacional estuvo cerca de tocar el techo psicológico de 70 dólares, para después descender a un nivel de 63 dólares hacia el mediodía del martes.

A pesar de que Arabia Saudita insiste en que su capacidad de producción petrolera será completamente restablecida en cuestión de meses, la incertidumbre respecto a otro ataque a su infraestructura energética incrementa las probabilidades de un escenario de precios de hidrocarburos al alza.

Para Pemex, esta coyuntura es bienvenida. La petrolera enfrenta una crisis de liquidez que se hizo patente en el 2016, cuando el valor internacional del crudo alcanzó su menor nivel desde la década de los noventas. Desde ese punto, la compañía más importante de México ha estado marcada por una narrativa de crisis. Este año, la agencia calificadora Fitch le retiró el grado de inversión a los bonos de la petrolera.

Sin embargo, la disrupción de los mercados energéticos globales va más allá de la variable precio. El episodio del fin de semana puso de relieve la fuerte dependencia que todavía tiene Estados Unidos en relación al petróleo crudo pesado importado desde Arabia Saudita. Ed Crooks, vicepresidente de la firma de consultoría energética Wood Mackenzie, escribió en junio en The Financial Times que la independencia energética americana es una ilusión. Explica que, pese al auge de la producción de petróleo shale, la configuración de las refinerías estadounidenses los vuelve vulnerables a la compra de petróleo de Medio Oriente.

El consenso de analistas refiere que esto es una oportunidad para México dada la preponderancia del crudo pesado en la mezcla mexicana de exportación. Uno de los objetivos explícitos de la campaña de Donald Trump fue conseguir autonomía total respecto a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y a otras naciones hostiles a los intereses americanos.

Duncan Wood, del Insituto México del Centro Woodrow Wilson, publicó un reporte en 2017 de la relación bilateral en materia de energía entre Estados Unidos y México. Ahí argumenta que el gobierno estadounidense debe priorizar el desarrollo petrolero de “exportadores amigos” como México. Eso implica utilizar recursos humanos para mejorar el marco regulatorio mexicano, además de una inversión sustancial en la explotación de campos de aguas profundas licitados por el gobierno de México.

En ese sentido, el reciente anuncio de un alto funcionario de la Oficina de la Presidencia de la República y del Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, de que se reanudarán los farmouts de Pemex llega en el momento ideal. 

La crisis petrolera de Medio Oriente tiene muchos matices e implica severos riesgos para la economía global. No obstante, Pemex podría recibirla como una bendición de mediano plazo.