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17 de Junio del 2019

¿México está listo para una recesión global?

Cada vez son más los indicadores que apuntan a una desaceleración de la economía mundial. La pregunta es si la administración de Andrés Manuel López Obrador está lista para enfrentar este reto
La recesión global acecha el proyecto económico del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Tres de cada cuatro analistas consultados por Morgan Stanley prevén que la economía de Estados Unidos se contraerá en 2019 o en 2020. De hecho, el índice de condiciones de negocio de esta firma, que pronostica la dinámica de las compras del sector industrial de las principales economías del planeta, sugiere que, de facto, ya estamos en una recesión. Los mercados han tomado nota de que se ha terminado el periodo de expansión más largo del que se tiene registro en Estados Unidos (120 meses): la curva de futuros OIS refiere que la tasa de interés de referencia de la Reserva Federal será recortada en 100 puntos base para el cierre del próximo año. Esto implica que el principal banco central del mundo tomaría medidas extraordinarias para apoyar la economía e incentivar la demanda agregada a partir de una política monetaria acomodaticia. La nueva normalidad de desaceleración global llega en un mal momento para la actividad económica mexicana. Moody’s, la única agencia que mantiene la calificación soberana de México dos niveles por debajo del máximo grado de inversión, recortó su proyección de crecimiento del PIB para el país en 2019 a 1.3 por ciento. La administración de López Obrador enfrenta, por un lado, la crítica de las agencias calificadoras de que el gobierno ha enviado señales erráticas que generan incertidumbre para la inversión. Por otra parte, se ha implementado un agresivo programa de austeridad abocado a registrar un superávit fiscal primario. Esto se ha traducido en recortes generalizados al gasto público, así como en un ejercicio a cuenta gotas de la inversión en infraestructura. El resultado de esta combinación fue una contracción marginal del PIB en el primer trimestre del año. Pese a que la expectativa mediana del consenso de analistas consultados por Banco de México considera que la economía se recuperará en la segunda mitad del año, el fantasma de la recesión global pesa sobre estas proyecciones. El sector externo es el componente más dinámico de la economía mexicana. Además, al igual que en la Gran Recesión de 2008-2009, el epicentro sería Estados Unidos, destino del 82 por ciento de las exportaciones de México. Nouriel Roubini, el aclamado economista que fue de las pocas voces que advirtió con antelación sobre la crisis global de 2008, argumenta que han crecido las probabilidades respecto a una recesión global de gran escala. “A lo largo de las economías avanzadas, la política fiscal y montería carece de las herramientas necesarias para responder a una crisis financiera mayor”, escribió en un artículo reciente. En México, la situación no es muy diferente. Tanto la política fiscal como la monetaria se encuentran severamente restringidas. Desde el punto de vista fiscal, el riesgo recaudatorio que representa el escenario de bajos precios del petróleo (la semana pasada el mercado de futuros registró un aumento del 48 por ciento en las posiciones cortas sobre el precio del petróleo) impide que el gobierno pueda aumentar considerablemente el gasto público para incentivar la actividad económica. Esto significaría romper la promesa sobre la cual yace gran parte de la credibilidad de los mercados frente al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la de mantener una política de déficit fiscal menor al 3 por ciento. Asimismo, el riesgo inherente a la rebaja de calificación crediticia de Pemex y la incertidumbre de la relación comercial con Estados Unidos vuelven improbable cualquier expansión del gasto que sea financiado con un aumento de la deuda pública. Del lado monetario, la situación también es complicada. Pese a que el banco central mantiene la tasa de interés de referencia en un máximo histórico de 8.25 por ciento, Everardo Elizondo, antiguo miembro de la Junta de Gobierno de Banco de México, argumenta que no hay condiciones para recortar los tipos de interés porque la inflación está fuera del rango objetivo. En suma, el espacio de reacción de la administración de Andrés Manuel López Obrador ante una recesión global es limitado. Aquí yace uno de los grandes retos de la 4T.