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16 de Julio del 2020

La fuerte salida de capitales anticipa nuevos riesgos para la economía mexicana

El deterioro de las expectativas de la calidad crediticia de los activos mexicanos se vuelve patente en la brutal salida de capitales registrada en los últimos cuatro meses. Desde marzo, el saldo de la tenencia de extranjeros de valores gubernamentales cayó en 15,534 millones de dólares.
En Wall Street ha comenzado a circular la idea de que México podría perder el grado de inversión en los próximos 24 meses. El 77 por ciento de los administradores de fondos de inversión consultados por Bank of America proyectan que la calificación crediticia de los bonos soberanos de la segunda mayor economía de América Latina serán degradados a grado especulativo, o “bono basura”, en 2021 o 2022. Una ejercicio similar realizado por Credit Suisse avala este dato. El 78 por ciento de los inversionistas encuestados respondieron que México perderá el grado de inversión en lo que resta de la administración de Andrés Manuel López Obrador, un aumento de nueve puntos porcentuales en relación a la última consulta. El deterioro de las expectativas de la calidad crediticia de los activos mexicanos se vuelve patente en la brutal salida de capitales registrada en los últimos cuatro meses. Desde marzo, el saldo de la tenencia de extranjeros de valores gubernamentales cayó en 15,534 millones de dólares. De acuerdo a información del Instituto Internacional de Finanzas, la salida de capitales de economías emergentes acumulada desde marzo tocó un nivel sin precedentes de 100 mil millones de dólares en el punto más álgido de estrés en los mercados financieros. El peso se ha depreciado 18.4 por ciento frente al dólar en lo que va del año. A pesar de ello la inflación y las expectativas inflacionaria se han mantenido estables y dentro del rango objetivo del Banco de México, de acuerdo a la más reciente minuta de la reunión de política monetaria de la Junta de Gobierno del banco central. La experiencia histórica de las crisis financieras de mercados emergentes sugiere que la consecuencia inmediata de una fuerte salida de capitales es la profunda depreciación del tipo de cambio, que a su vez deriva en un aumento significativo de la inflación y un desbalance en las hojas de balance de los bancos y las firmas locales, lo cual, en última instancia puede propiciar una profundización de la crisis financiera y un colapso de la economía real. A grandes rasgos, esto fue lo que sucedió en la recesión de 1994-1995 en México. A partir de entonces, el Estado mexicano implementó reformas macroeconómicas de corte ortodoxo que privilegiaron políticas fiscales y monetarias conservadoras, afines al llamado Consenso de Washington. El tipo de cambio se convirtió en una variable de ajuste que ha permitido absorber choques externos y aislar a la economía mexicana. El cambio estructural del sistema financiero mexicano explica por qué, a pesar de que el deterioro de la producción, la inversión y el empleo derivado de la crisis del Covid-19 supera las contracciones registradas en la recesión de 1994-1995, los mercados financieros han mostrado mucha mayor resiliencia. Sin embargo, el entorno financiero de la economía mexicana no está exento de riesgo. La pérdida del grado de inversión significaría que el grueso de los activos de renta fija de México no cumplirían con los estándares de fondos de pensiones y ETFs con inversiones exclusivas en instrumentos con grado de inversión, lo que derivaría en la venta forzada de al menos 20 mil millones de dólares, de acuerdo a un análisis elaborado por Franklin Templeton. Esto representa una amenaza sustancial al funcionamiento eficaz del tipo de cambio como variable de ajuste, y por ende, al equilibrio macroeconómico del país.