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13 de Septiembre del 2019

Herrera tiene un plan para Pemex

Sin embargo, no todos están convencidos.

Arturo Herrera llegó a la Secretaría de Hacienda con el mandato de reducir la desigualdad. Así lo anunció cuando sustituyó a Carlos Urzúa luego de una turbulenta renuncia que generó un episodio de alta volatilidad en el precio de los activos mexicanos.

Paradójicamente, la prioridad de este economista del Colegio de México ha sido garantizar la estabilidad de Pemex, no la construcción de un presupuesto que refleje metas ambiciosas orientadas a la construcción de un Estado de Bienestar. El estímulo fiscal de 86 mil millones de pesos otorgado a la compañía petrolera mexicana contrasta con el status quo en la asignación de recursos a los rubros de educación, salud e inversión en infraestructura.

La tecnocracia de la administración de Andrés Manuel López Obrador entiende que la coyuntura de emergencia de Pemex pone en riesgo el proyecto social de la Cuarta Transformación.

En un lapso de tres días, el gobierno federal ha anunciado tres medidas agresivas para evitar que las agencias crediticias bajen la calificación de deuda de Pemex, pese a que Fitch ya considera que los bonos de la petrolera perdieron el grado de inversión.

La primer medida fue la reestructuración de 5 mil millones de dólares de la deuda soberana de corto plazo. Con una carga financiera de más de 106 mil millones de dólares, ésta es la compañía petrolera con los mayores pasivos en el mundo.

La Secretaría de Hacienda argumenta que el escenario global de caídas en las tasas de interés representó una oportunidad para realizar esta operación en coordinación con JP Morgan, Goldman Sachs, Bank of America y Citigroup.

Pemex deberá cumplir compromisos financieros por 14.6 mil millones de dólares en los próximos doce meses y de 42 mil millones de dólares de aquí a junio del 2023.

En este contexto, la empresa paraestatal anunció que compraría 14.7 mil millones de dólares de su propia deuda soberana para aliviar pasivos de mediano plazo. Se trata de una de las operaciones de mercado abierto más relevantes.

Esta segunda medida de reacción fue bien recibida por los mercados financieros, pero no se ganó el favor completo de las agencias calificadoras, que se mantienen escépticas.

La tercer acción ejercida por la Secretaría de Hacienda fue la asignación de cerca de 10 mil millones de dólares en estímulos para la petrolera. El equipo de Arturo Herrera anunció 1.3 mil millones de dólares en un primera tramo de inyección de capital, 1.5 mil millones de dólares en exenciones fiscales, 1.8 mil millones de dólares y un día después, otros 5 mil millones de dólares en un segundo tramo de inyección de capital.

A pesar de ello, Fitch publicó un documento de análisis en el que calificó esta intervención del gobierno federal como un “apoyo moderado”. De hecho, Hacienda reconoce las limitaciones de estas acciones. Con la finalidad de no contaminar el resto de la deuda soberana, esta semana, el subsecretario Gabriel Yorio declaró que no habrá una garantía explícita de respaldo a los bonos de la petrolera.

En pocas palabras, sálvense quien pueda.