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04 de Junio del 2018

Aranceles para Dummies

Muchos se preocupan por los aranceles que implementó Donald Trump a México, pero tú ¿no tienes idea de lo que hablan?
Hay muchas razones para estar preocupado por la imposición de aranceles que ha ordenado el Presidente Trump. Primero que nada hay que explicar qué pasó y dar un poco de contexto para entender por qué se determinó que las importaciones de acero serán gravadas en un 25 por ciento y las importaciones de aluminio en un 10 por ciento. Trump llegó a la presidencia en gran medida gracias al argumento de que los socios comerciales de Estados Unidos llevan décadas aprovechándose de su país. Su gran promesa de campaña fue reducir el déficit comercial, que el año pasado alcanzó los 566 mil millones de dólares. Y para cumplir, el Presidente ordenó la imposición de tarifas a todas las importaciones de acero y de aluminio. Sin embargo, después de recibir presiones de grupos de cabildeo y de muchas llamadas a la Casa Blanca, se decidió que la mayoría de los aliados estadounidenses quedarían exentos de esta medida. Todos coincidían que el verdadero rival comercial de Estados Unidos era China, por lo que no había razón para castigar a México, a Canadá o a la Unión Europea. Ahora, todo cambió. La administración de Trump decidió cancelar esta exención y en un acto sin precedentes se le fue a la yugular a sus aliados. “Hoy le disparamos a la economía en el pie al incrementar el precio de un insumo clave de industrias que emplean a 6 millones de personas”, aseguró Larry Summers, el ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, quién no es el único que cree que estas tarifas son una aberración. El consenso general es que el Presidente Trump es completamente impredecible y que no tiene la menor idea de lo que está haciendo. A nadie le queda claro cuál es la estrategia de Estados Unidos. Y eso tiene fuertes implicaciones:

¿Qué va a pasar con el TLCAN?

Para México, el principal riesgo de estas tarifas es que deterioran a la de por sí frágil negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En las últimas semanas, las conversaciones comerciales han tomado un rumbo incierto porque Estados Unidos ha tomado una postura que pareciera abocada a reventar las negociaciones. La agresión de los aranceles es consistente con esta actitud. Cuando el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, pidió una entrevista con el Presidente Trump, la Casa Blanca respondió que la única manera en que el encuentro se llevaría a cabo sería con el compromiso de que se firmara la incorporación de una cláusula que estipula al terminación automática del TLCAN cada cinco años. México y Canadá han dicho en más de una ocasión que ésta es una línea roja de negociación para ellos. Sobra decir que la reunión Trump-Trudeau nunca se llevó a cabo. Y con México las cosas no han sido diferentes. El último intento de sabotaje de Estados Unidos en la negociación del TLCAN  ocurrió hace unas semanas cuando se exigió elevar el salario de los trabajadores mexicanos a 16 dólares la hora en las industrias de exportación. La propuesta por supuesto, está alejada de toda realidad y fue vista como una provocación de la administración de Trump. México envía el 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos y necesita del TLCAN para mantener la confianza de los inversionistas. Por eso decimos que la imposición de aranceles afecta en primer lugar las perspectivas de negociación de un acuerdo tan importante para México.

¿Empieza la guerra comercial?

Después de que Estados Unidos anunció la imposición de tarifas, la Unión Europea, China, Canadá, México, Turquía e India respondieron con aranceles retaliatorios en productos políticamente sensibles para la administración Trump, como el sector agrícola, que incluye casi exclusivamente a estados en los que Trump ganó la elección. Es decir, les pegaron donde duele, en industrias de mucho peso político que utilizarán su influencia para disuadir a la Casa Blanca de mantener estos aranceles. Chad Bown, economista especializado en comercio exterior, espera que la suma de las tarifas impuestas a las exportaciones estadounidenses sume 48 mil millones de dólares, equivalente al 3 por ciento de todos los bienes y servicios que Estados Unidos vendió el año pasado en el exterior. A este ritmo, muchos economistas creen que el conflicto va a seguir escalando, que Estados Unidos volverá a responder y que sus socios comerciales harán lo propio, iniciando un ciclo sin fin de aumento de aranceles. La Unión Europea ya está disputando el caso en la Organización Mundial de Comercio. La principal queja es que la justificación de la administración de Trump para imponer tarifas, el de la seguridad nacional, no se sostiene. El gobierno de Francia dice que este podría ser el inicio de una guerra comercial y la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá asegura que la respuesta arancelaria de su país es la más fuerte desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Quién pierde con las tarifas de Trump?

En México, la respuesta es obvia: la industria nacional del acero es la gran perdedora. La Cancero calcula que las pérdidas anuales derivadas de este nuevo escenario podrían alcanzar los 2 mil millones de dólares. No obstante, en términos agregados, hay un perdedor todavía más afectado: el consumidor final de todos los países involucrados, incluido Estados Unidos Si la guerra comercial escala, los consumidores podrían enfrentar precios más elevados de manera generalizada. Aunque varía en función de la demanda de cada producto, al final los empresarios suelen trasladar el costo adicional del arancel al consumidor final. Los aranceles de Trump son una tragedia económica en muchos sentidos, más si se considera que la economía mexicana se encuentra en una situación de fragilidad que no vivíamos desde la Gran Recesión de 2009.