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México necesita un hígado gay

Al igual que "Chente" Fernández, en México nos la pasamos rechazando ese "trasplante" que nos urge para seguir avanzando. Seguimos sin querer ese hígado gay que podría salvarnos la vida
Vicente Fernández fue duramente criticado y con razón, porque dijo esto:
“Me querían poner un hígado de otro cabrón y les dije: ‘Yo no me voy a dormir con mi mujer con el hígado de otro güey. No sé si era homosexual o drogadicto”
Chente padece cáncer y necesitaba un trasplante de hígado, pero lo rechazó. No le fuera a tocar uno que sea… que no sea de su agrado pues… Lo que pasó, lo podemos resumir así. El de las mujeres divinas necesitaba algo urgentemente que puede salvarle la vida y no lo quiso... En contra de todas las pruebas médicas, lo borró de un plumazo gracias a sus prejuicios, a sus creencias… Aún y cuando estaba en peligro su vida, no estaba dispuesto a ceder ante eso en lo que él cree: no quería el hígado de un homosexual o un drogadicto. Fin de la discusión... El papá del Potrillo me puso a pensar… porque en México a cada rato rechazamos ese “trasplante" que nos urge para seguir avanzando o existiendo… Nos urge un trasplante en un Pemex agonizante, pero debido a las creencias de algunos seguimos recetándole las mismas medicinas; más deuda, más carga a su ineficiente operación y más responsabilidades de las que no puede salir. Nos urge un trasplante en el debate público. Porque aunque sabemos que necesitamos un debate serio nos la pasamos en una constante pelea entre fifis y chairos, entre amlovers y pejehaters… Nos urge un trasplante en nuestro medio ambiente, porque en medio de una crisis de contaminación pedimos como medida: no prender inciensos ni velas o dejar de hacer carnes asadas. Nos urge un trasplante en la justicia, porque en lugar de encarcelar a los delincuentes y corruptos seguimos creyendo que solo borrando al PRI y al PAN se van a acabar los saqueos. Tal vez nos hace un trasplante completo de conciencia, pero parece que –como Chente Fernández– no estamos dispuestos a renunciar a nuestros prejuicios y a lo que creemos, sea verdadero o no. Y entonces seguiremos empeorando… poco a poco. Viviendo en medio de La Ley del Monte… perdiéndonos de aquel hígado gay que podría salvarle la vida.