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12 de Noviembre del 2019

Se combate en la cancha

En lugar de amedrentarse y hacerse la víctima, el francés Olivier Natcham se unió a otros jugadores que respondieron con burla e ironía a las críticas racistas de los aficionados radicales
En tiempos de racismo y xenofobia, las campañas de concientización de la FIFA y las federaciones ya no son suficientes. Tampoco que los árbitros paren el partido y amaguen con suspender los juegos cuando aficionados entonen cantos que atenten contra la moral de los futbolistas. Ahora se ha puesto de moda hacer justicia de propia mano, como aconteció con el francés de origen africano Olivier Ntcham, quien la semana anterior mandó callar los cánticos de los hinchas de la Lazio (famosos ultras fascistas y seguidores de Benito Musolini) en pleno estadio Olímpico de Roma. Al último minuto del encuentro que su equipo Celtic disputó como visitante, Ntcham anotó y lo festejó de una forma muy peculiar: el jugador emuló el fusilamiento del líder fascista italiano, cuyo cadáver colgaron en una plaza pública de Milán. Ntcham festejó poniéndose de cabeza… como Mussolini, lo que desató la polémica, aunque el Celtic negó que lo haya emulado.     En abril de 2014, el brasileño Dani Alves tomó con ironía un insulto racista cuando le lanzaron un plátano desde las gradas del estadio El Madrigal en Villarreal. Antes de cobrar un tiro de esquina, el jugador tomó la fruta se la comió, desatando el asombro y admiración de todos.     En los 80, Hugo Sánchez padeció el racismo cuando jugaba en España. El ahora comentarista de ESPN declaró en su momento que los españoles le gritaban “Indio” de forma despectiva. Sin embargo, con goles acrobáticos y la consecución de 5 trofeos pichichi, acabó con los insultos y los cambió por aplausos.