9 de agosto 2022

27 de noviembre 2018

Deportes

No, no es culpa del futbol

Para estas horas, Boca o River ya deberían estar festejando el campeonato de la Copa Libertadores. Sin embargo, una vez más las barras nos mostraron lo que pueden hacer: detener el futbol. Y lo peor es que ese modelo de pseudoaficionados se ve cada vez más en México

Por Carolina Hernández

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Porque la culpa no es del futbol ni River ni de Boca ni de la Conmebol ni de la FIFA.

La culpa es de los que se pusieron una playera de un equipo y se sintieron obligados a odiar al otro.

Y es que nadie discute la inoperancia de las autoridades que ese día no pudieron organizar un operativo medianamente seguro, pero en propias palabras del presidente argentino ¿Porqué hay que militarizar la ciudad para realizar un juego de futbol?

“Más allá de los operativos policiales, yo no puedo resignarme como presidente que, para organizar un espectáculo deportivo, hay que militarizar prácticamente toda la ciudad. Es una locura, no es lo razonable”.

No, no es razonable.

Pero en el futbol argentino, del 2008 a la fecha, han muerto 94 personas. 51 fueron por disputas entre facciones de una misma barra, 27 por choques entre hinchadas rivales.

Si eso pasa en Argentina en donde desde hace cinco años está prohibida la presencia de hinchas visitantes en los estadios de la Primera División, qué nos hace pensar que podemos copiarles las barras, cuando en México hace apenas 6 años aún teníamos rejas entre cancha y tribunas.

Cuando tan solo en la primera jornada de este apertura 2018, los seguidores jarochos recibieron a los aficionados de Pumas a pedradas. Cuando es común escuchar la intervención de la policía durante un partido.

Cuando, ahora sí, recordemos ese deshonroso episodio en el que un aficionado de Tigres fue dejado casi muerto en medio de la calle por un seguidor de Rayados, quienes además se justificaron diciendo que “ellos comenzaron”. Porque es rival y siempre hay una excusa para odiarlo. Porque las barras tienen códigos. Porque así es en todos lados.

Pero este fin de semana fuimos testigos de lo que las barras pueden lograr. Paralizar un juego histórico. Detener el futbol.

Sí, vimos a Argentina fracasar una vez más al intentar contener sus barras. Pero nosotros fracasaremos peor si insistimos en copiar algo que, evidentemente, está descompuesto.

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