FACEBOOK

VISTAS
06 de Septiembre del 2019

El fenómeno Toledo

Francisco Toledo falleció a los 79 años. El artista oaxaqueño dejó huella y su influencia trascendió las galerías de arte. Esto es sólo un breve repaso de su legado.
Nació en Juchitán, Oaxaca lugar que siempre le sirvió de inspiración. Retrató el pueblo zapoteca, el mundo precolombino, los indígenas mexicanos, la flora y la fauna de su tierra. En su obra sobresalía la naturaleza, en especial los animales. Reinventó murciélagos, insectos, iguanas, sapos, monos, tortugas, sapos. Eligió a esas especies que no sobresalen por su belleza, él se apropió de ellos y los hizo especiales con su arte. La sexualidad y el erotismo es otro elemento recurrente en sus piezas. Muy joven tuvo su primera exposición en Texas, de allí reunió para irse a Europa donde conoció a Rufino Tamayo, el icónico pintor oaxaqueño padre del arte moderno. Con ayuda de Tamayo se hizo de una buena reputación en Europa, incluso en la prensa lo llamaron “la respuesta mexicana a Picasso”. El arte fue su forma de reclamar. Una de sus obras más polémicas fue “Los cuadernos de la mierda”. Esta contiene imágenes de 1,500 seres defecando. Los volúmenes fueron entregados a Hacienda como pago de sus impuestos. Otra de sus facetas fue como gran defensor del maíz nativo. Utilizó sus métodos artísticos para defenderlo sobre los transgénicos. Su sentir es “que contaminar nuestro maíz, es contaminar el corazón de México” Además de ser defensor de los pueblos indígenas y de la madre naturaleza, tuvo un fuerte compromiso con la búsqueda de la justicia. Diseñó 43 papalotes con los rostros de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. “Los 43 son nuestra familia y uno no olvida a sus muertos”, decía. A Francisco Toledo no le gustaban las entrevistas y a pesar de su reconocimiento y fama llevó una vida sencilla. En 2018 renunció a una beca vitalicia del Estado para cederla a jóvenes artistas. Tuvo decenas de becarios a quienes apoyó con el fruto de la venta de sus cuadros. Y si no podía ser mejor creó el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca donde nos dejó su biblioteca particular.