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16 de Agosto del 2019

¡Ya es hora, papá y mamá despierten!

Estos primeros días de clases recordemos lo que realmente importa. Más allá de la deseada perfección diaria, está el corazón de nuestros hijos. Seamos su apoyo incondicional cuando más nos necesitan.
¡Levántate, ya es hora! Desayuna, lávate los dientes, toma tu mochila, bájate a la escuela. ¡Córrele, vamos tarde! Come en el camino, vámonos a las clases extracurriculares, saluda al entrenador, bájate a la casa, métete a bañar. ¿Podemos platicar papá y mamá? No, ya son las 8 de la noche y tienes que dormir. Mejor por la mañana. ¡Ya es hora, papá y mamá despierten! Me está costando el regreso a clases. Tengo sentimientos que a veces no sé cómo expresar. Ayúdenme. Estoy herida porque una de mis amigas ya no me habla y me siento sola. No quiero ni caminar por los pasillos. Mucho menos entrar al salón. ¡Ya es hora, papá y mamá despierten! Yo sé que tenemos muchas cosas que hacer, pero si tan solo pararan unos minutos y me escucharan y así sintieran lo que siento. Se darían cuenta que más allá de cumplir con el ir y venir del día a día están mis emociones. ¡Ya es hora, papá y mamá despierten! Yo sé que también están aprendiendo conmigo. Que nadie les enseñó a ser papás. Que están dando lo mejor de ustedes. Pero no pasa nada si también están cansados de esta vida ajetreada como yo y lloramos juntos. ¡Ya es hora, papá y mamá despierten! Nos tocaron tiempos locos. Con muchas actividades y competencia, pero si te detuvieras conmigo otra cosa sería. ¡Ya es hora, papá y mamá despierten! Bájense de esta montaña rusa que solo nos traerá sin sabores, enfoquemos nuestras energías a lo que realmente importa, nuestro ser. Porque si nos quedamos dormidos sería demasiado tarde para empezar a sentir la alegría de vivir. ¡Levántate, ya es hora! Pero no corras, mejor camina y enséñame a vivir.