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05 de Abril del 2019

¿#MeToo o #TooMuch?: Acoso que mata

El fin de #Metoo ES bueno pero el medio por el que se denuncia NO lo es. NO lo es porque las redes sociales son ingobernables y dentro de la ingobernabilidad existe el caos y hoy este caos ha llegado a cobrar algunas vidas. Y eso ES grave. Muy grave. Ya se salió de control. Acaso ya fue #Toomuch?
Aplaudo el movimiento #Metoo. Aplaudo el hecho de que Rose McGowan, activista y actriz, haya levantado su voz en octubre de 2017 al decir que el productor Harvey Weinstein la acosó e incluso llegó a violarla. Aplaudo el día en que la también actriz Alyssa Milano envió el primer tuit invitando a todas aquellas mujeres que algún día habían sido molestadas a poner #MeToo en dicha red. “Si han sido sexualmente molestadas o violentadas escriban #MeToo como réplica a mi tuit” Aplaudo a todas aquellas mujeres que se sumaron desde sus trincheras ya sea en la política, deportes, música, medios de comunicación o desde su casa y que hablaran frente a un monitor o escribieran un relato en redes sociales de cómo un individuo las manoseo, las violó, las amedrentó y así comenzaran hacer este movimiento global. Aplaudo que hayan denunciado, que sus gritos desesperados hayan sido escuchados. Tanto así que desde que nació #MeToo el término ha sido hashtageado más de 19 millones de veces. 71 por ciento de los tuits son en inglés, mientras 29 por ciento son en otros idiomas, lo que prueba el impacto global según un estudio de Pew Research. Bravo por ellas, bravo por nosotras. El fin de dicho movimiento ES bueno, pero el medio por el que se denuncia NO lo es. Y digo NO lo es porque las redes sociales son ingobernables y dentro de la ingobernabilidad existe el caos. Y hoy este caos ha llegado a cobrar algunas vidas. Y eso es grave, MUY GRAVE. Ya se salió de control. Ya fue #TooMuch. Porque no hay nada que valga la vida de otra persona. Lo irónico es que al mismo tiempo que se demanda en contra del acoso, se esta acosando también a los supuestos perpetradores o en su defecto a los que tienen que ver en el círculo de la mujer afectada. Según datos del INEGI, 55.5 por ciento de la población de 12 años o más ha vivido algún tipo de ciberacoso. Y el acoso tras la denuncia en las redes es letal. Y el ciberacoso tras las denuncias por #MeToo es suicida. Mata. De acuerdo a pantallasamigas.net en un estudio publicado en la Journal of Medical Research se ha comprobado que existen más probabilidades de tener comportamiento suicida si se es tanto víctima como agresor de ciberacoso. Y lamentablemente el descontrol cibernético causado por el movimiento #MeToo ya está cobrando vidas en países como Estados Unidos y México, entre otros. Como el reciente caso de Armando Vega-Gil, integrante de Botellita de Jerez, quien antes de quitarse la vida escribió en su cuenta de Twitter una carta que pone los pelos de punta en donde una frase se me quedó grabada. “En redes no tengo manera de abogar por mí”. Y es que en redes no hay filtros, no hay jueces, no hay procedimiento. Se va por la libre y aunque sean “supuestos” abusadores, se da por hecho que lo son. Se estigmatiza de por vida. Como fue estigmatizada Jill Messick, ex manager de la activista Rose McGowan, quien en febrero de 2018 se quitó la vida al verse involucrada en una trampa sin salida. La familia culpó a McGowan, los medios y en especial las redes sociales por el ciberacoso que se suscitó después del escándalo, lo cual la llevó a suicidarse. Por donde lo veas está mal. El movimiento se ha desvirtuado. Y que quede claro… no defiendo a los que juegan el juego sucio de arrinconar a una mujer para tener sexo sino que defiendo el hecho de que se denuncie ante un tribunal, ante la ley, con pruebas en mano y no porque no crea en las mujeres que denuncian anónimamente, sino porque el lugar donde lo están haciendo y el circo público del ciberacoso a causa de dicho movimiento está terminando con vidas. Y con la vida no se juega. Ni con la de las víctimas ni con la de los supuestos acosadores. Así NO…. ASÍ EL FIN NO justifica LOS MEDIOS.