FACEBOOK

VISTAS
15 de Marzo del 2019

Mamás desesperadas

Hay mamás que hacen de todo por sus hijos. Tal es el caso de las actrices Lori Loughlin y Felicity Huffman, quienes cometieron fraude para asegurarse de que sus hijos tuvieran la mejor educación
¿Cuántas veces te tiras al precipicio por tu hijo? Haces la tarea por él, eliges a sus amigos, le resuelves la vida... Te conviertes en una mamá desesperada… Ah pero claro, por el bien de tu hijo. Pero hay veces que esta desesperación te lleva a cometer acciones a veces no tan buenas… Tal fue el caso de las actrices Lori Loughlin y Felicity Huffman. Que al ver la competencia allá afuera y al saber que sus hijos no podían ser parte de las Grandes Ligas, decidieron cometer actos ilícitos para que sus retoños entraran a las mejores universidades de Estados Unidos. Entre estas universidades están Yale, Stanford, Georgetown y la Universidad del Sur de California. Más de 40 personas entre ellas Loughlin y Huffman fueron arrestadas por las autoridades estadounidenses. Se les acusa de participar en un esquema fraudulento en el que le pagaban a una persona llamada William Singer mejor conocido como ¨La Llave¨, grandes cantidades para asegurar el acceso de sus hijos a la mejor educación en Estados Unidos. Se dice que Huffman y su esposo pagaron 15 mil dólares para que una de sus hijas pasara el examen de admisión de una de estas universidades. Y Loughlin y su esposo pagaron por debajo del agua hasta 500 mil dólares a cambio de que sus hijas participaran como atletas profesionales en un equipo universitario. En la lista no solamente están estas actrices de Hollywood sino CEOs de firmas globales, diseñadores internacionales, entre otros…. El punto es: ¿qué le estamos enseñando a nuestros hijos? Que no valen por sí mismos, que necesitan el dinero de sus padres para sobrevivir en este mundo adverso lleno de competencias injustas. Estamos creando niños que esperan ser rescatados por los padres con una simple transferencia bancaria. Pero no, mamás desesperadas, ni todo el dinero del mundo podría salvar a nuestros hijos. Al contrario, los hunde en un eterno abismo.