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17 de Septiembre del 2019

La desesperación de Sophia

En mayo Felicity Huffman se declaró culpable por pagar al estafador William Singer 15 mil dólares para que su hija pasara los exámenes de admisión para entrar a una reconocida universidad.

“¿Por qué no creíste en mí mamá? ¿Por qué no creíste que lo podía hacer yo sola?”.

 Hasta hace unos días, la actriz Felicity Huffman reveló que su hija mayor, Sophia Grace Macy, le confesó esto con lágrimas en sus ojos cuando se sentaron a platicar sobre el escándalo universitario que se desató el pasado mes de marzo.

 Dicho escándalo, nombrado Operación Varsity Blues, involucra a 50 padres de familia, papás y mamás, entre ellos Huffman, quien en mayo se declaró culpable por pagar al estafador William Singer 15 mil dólares para que su hija pasara los exámenes de admisión para entrar a una reconocida universidad.

Irónico error, pues esta semana William H. Macy –el esposo de la mujer desesperada–aseguró a la revista People que su hija ni siquiera necesitaba esos exámenes para entrar a la universidad que había elegido.

Hoy Huffman espera sentencia, ya sea pagando con tiempo tras las rejas o con trabajo comunitario, más fianza. Pero nada se compara con la sentencia que ya paga emocionalmente con su familia.

Lo que no saben estos 50 padres helicóptero es que sus hélices han destruido las vidas de las 23 hijas y 15 hijos que salen enlistados en dicho escándalo. Algunos de los enlistados sabían, al igual que sus padres, el juego sucio que estaban jugando, otros no.

Muchos al igual que Sophia, ni siquiera querían entrar a estudiar a una reconocida universidad, tenían otros sueños.

Pero más allá de que los padres helicóptero, como Huffman, paguen con una vida tras las rejas, los hijos pagarán por los errores de los padres. Tal cual dijo Huffman “comprometí el futuro de mi hija, de mi familia y mi integridad”.

Entiendo a Huffman, aunque no la justifico. Porque ¿quién no ha estado en los zapatos de una madre desesperada?

Carta a una madre desesperada

Hoy lloras junto con tu hija Sophia, porque ese futuro prometedor que le trazabas ya no está ni siquiera cerca.

Ella quería seguir tus pasos como actriz.

Tan así, que sobresalió en las películas Layover Aurora en 2017.

Lo que algún día edificaste junto a tu esposo, el también actor William H. Macy, ya no vale los 45 millones de dólares, que dicen algunos, tienen en su cuenta bancaria.

Porque hoy el dinero no lo es todo, la familia sí lo es.

Tan así que todos están en terapia desde que se desató el escándalo, pero aún no se recuperan.

Si tan solo pudieras recuperar a tus dos hijas, Sophia y Georgia, quienes apenas cruzan palabra contigo desde marzo que se desató el escándalo.

Sophia no duerme por las noches porque tiene pesadillas recurrentes sobre el FBI entrando a su cuarto.

Y si llega a conciliar el sueño, no duerme sola.

Georgia no llega a ese extremo, pero porque tu desesperación no la alcanzó, aunque sí comenzaste a hacer el mismo proceso con el estafador de William Singer.

Porque Singer te vendió la idea de que tus hijas llegarían a vivir el sueño, tú sueño. Y como dices en tu carta a la jueza de Boston, Indira Talwani, “pensaba que si no hacia lo que el señor Singer me decía sería mala madre. Todo esto es a causa de la desesperación por ser una buena madre”.

Y aunque no es justificación, te entiendo.

Porque esto de ser mamá no es fácil.

¿Cuántas veces nos juzgamos por no ayudar a nuestros hijos? Cuando en lugar de ayudar los estamos perjudicando.

Vamos por la vida cegadas más que por amor, por presión de la misma sociedad a ganar. Pero ¿vale ganar perdiendo? Lo que no nos damos cuenta es que en lugar de ganar, perdemos a nuestros hijos.

Porque no creemos en ellos.

Porque pensamos que los podemos manejar como si se tratara de una estrategia de mercado.

Lo triste es que como padre no sabes que te estás equivocando hasta que ves a tu hija destrozada.

Como hoy, a sus 19 años, está destrozada tu hija Sophia.

Pensabas que la estabas ayudando pero no, la hiciste pedazos al sobrevolar su vida.

Entendamos.

Hoy nuestros hijos son los desesperados por ser escuchados por nosotros más allá de nuestra propia desesperación como padres por darles una supuesta mejor vida.

Hoy la desesperada no eres tu, Felicity, es tu hija Sophia.