24 de noviembre 2025
¡Que alguien me explique!
¡Aguas, rebelión en el campo!
El gobierno de la Cuarta Transformación no sabe escuchar, rechaza el diálogo, repudia la negociación y sólo atiende a quienes piensan como lo ordena la presidenta Claudia Sheinbaum. O quizás, el MoNarco de Palenque
Por Ramón Alberto Garza
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El gobierno de la Cuarta Transformación no sabe escuchar, rechaza el diálogo, repudia la negociación y sólo atiende a quienes piensan como lo ordena la presidenta Claudia Sheinbaum. O quizás, el MoNarco de Palenque.
Por eso hoy se escribirá un nuevo episodio que será un enorme quiebre político con repercusiones no sólo nacionales, sino internacionales.
Transportistas y agricultores de todo México saldrán a bloquear importantes carreteras, aduanas y accesos urbanos en una veintena de estados. La queja en común: el gobierno hace oídos sordos a sus peticiones sobre mejorar la seguridad; sobre atacar la extorsión -criminal y policiaca-; sobre mejorar los precios de garantía de productos del campo y avalar una criminal legislación sobre la nueva Ley de Aguas. Demasiados frente abiertos, demasiados oídos sordos para el Segundo Piso de la Cuarta Transformación.
La denuncia no sólo viene de organizaciones nacionales como la Asociación Nacional de Transportistas, el Frente Nacional para el Rescate del Campo Mexicano y el Movimiento Campesino. El grito en el cielo también lo elevó el Consejo de Comercio Exterior de los Estados Unidos. La condena a la apatía con la que el gobierno mexicano maneja los asuntos de seguridad, robo de mercancías en carreteras y extorsión es criminal.
El conflicto es de escándalo, porque este año se están registrando más de 16 mil robos en carreteras al transporte público. Un 16 por ciento más que en 2024. Y las pérdidas por esos robos a traileros y contenedores ya suman 7 mil 500 millones de pesos anuales. Eso sin contar con la práctica ya común de la extorsión carretera, no sólo por parte de los grupos del crimen organizado, sino de las policías federales y estatales. Por eso, las grandes corporaciones norteamericanas ya salieron a exigirle al presidente Donald Trump que ponga ese grave problema sobre la mesa de negociaciones del nuevo tratado de libre comercio.
Pero sin duda, el conflicto más serio, el que más dolores de cabeza dará, se ubica en la expedición de la nueva Ley de Aguas 2025 que fue engendrada por algún burócrata sin sentido común, sin ser consensuada y que ya crispó los ánimos de los campesinos y agricultores mexicanos que hoy saldrán con tractores y vehículos a bloquear carreteras, sobre todo fronterizas, para repudiar la intentona de arrebatarles el agua con la que riegan sus cosechas.
Bajo las nuevas reglas cuatroteístas, cualquier dueño de un pozo o una noria puede volverse un criminal si eres incapaz de renovar tu concesión; si el gobierno decide reducirle el volumen autorizado; si el medidor marca algo fuera de rango o si cualquier trámite se retrasa. De inmediato se entra en delito y bajo la nueva ley esos delitos merecen cárcel.
La nueva legislación no distingue entre quién roba agua y quién la ha empleado siempre para trabajar su tierra. Bajo esa óptica, no existe distinción entre un agricultor o un abierto delincuente que roba el vital líquido. La nueva ley te convierte en delincuente por hacer lo que has hecho toda tu vida: sembrar. No es una ley para proteger. Es una ley que permite abrir una nueva veta de corrupción con la tramitación de permisos difíciles, imposibles.
Bajo esa nueva Ley de Aguas 2025, tú eres el dueño del pozo o la noria, pero no del agua. Toda el agua subterránea sólo es usada como concesión renovable, no como derecho permanente. Nada de heredar, traspasar o vender las concesiones.
Esa nueva legislación decreta que toda el agua subterránea es del Estado. Tú sólo la usas mediante concesión renovable, no como un derecho permanente. Ya no se puede heredar, traspasar o vender la concesión. Eso significa que si alguien compra tu terreno, no se puede incluir en esa venta ni el pozo o la noria. Nada de venta con “agua incluida”. Si vendes tu propiedad, el agua no se transfiere al comprador. Y si falleces, la concesión ya no existe. Y si la dejas de usar, te la expropia el gobierno.
Estas nuevas reglas afectan a miles de agricultores y ganaderos que usan sus pozos como garantía financiera y la posibilidad de escasez en zonas secas permitirá reducir el volumen de la extracción o cancelar temporalmente los pozos para dar prioridad al agua para uso doméstico sobre el agrícola.
Por eso, saldrán hoy miles de agricultores en todo México a bloquear carreteras. Porque se sienten agraviados, porque jamás fueron escuchados y ahora está la amenaza de una criminalidad penal sobre el uso de las aguas de sus predios.
Que no subestime la presidenta Claudia Sheinbaum ni los bloqueos de los transportistas por la inseguridad carretera y, mucho menos, la elevadísima indignación de agricultores y campesinos por las nuevas y autoritarias reglas del agua.
Si el gobierno de la Cuarta Transformación ya está perdiendo la calle con las protestas urbanas, ahora perderá también las carreteras. Y si el epicentro de las protestas se dará en las fronteras, ya pueden imaginar el impacto sobre las exportaciones e importaciones y la dislocación de las cadenas de producción tanto en México como en Estados Unidos y Canadá.
Que la inquilina de Palacio Nacional no olvide que, en 1910, a Porfirio Díaz la Revolución le brotó en el campo. Cuidado, porque la agitación de hoy, del campo viene.
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