domingo 28 mayo 2017
Que alguien me explique

Trump, porrista; Hillary, la coach

Aunque las encuestas apunten a la victoria de Hillary Clinton sobre Donald Trump en el primer debate presidencial, no debemos poner todas las esperanzas en un round

POR Ramón Alberto Garza

Miércoles 28 septiembre 2016

La historia advierte -con números en la mano- que el mayor impacto de un debate presidencial en los Estados Unidos se dio en el 2012 entre el republicano Mitt Romney y el demócrata Barak Obama.

Romney sacudió a Obama y lo aventajó 67-25 en las encuestas post-debate . En un día borró los cuatro puntos de ventaja que tenía el presidente en funciones, suficientes para que el republicano retara al candidato demócrata.

Pero la historia se encargó de poner las cosas en su lugar y al final Obama ganó la elección presidencial, para continuar despachando por cuatro años mas en la Casa Blanca.

Viene esto a cuento, porque está claro que en el históricamente mas visto de los debates presidenciales y de acuerdo a las primeras encuestas, Hillary Clinton aventajó a Donald Trump por 62 a 27. Similar a lo que Romney hizo cuatro años atrás con Obama.

Lo que buscamos resaltar es que no debemos poner todas las esperanzas en un round, en el que si bien Hillary salió airosa, venció pero no fue contundente.

 

Y este es apenas uno de tres rounds. Faltan dos debates antes de la elección de noviembre. En los que como en el caso del aventajado Romney con Obama, todo puede suceder.

Con lo que nos quedamos del primer debate Clinton-Trump, en lo general, es con la evidente crisis de liderazgo que viven los Estados Unidos y que sin duda tendrá un enorme impacto en el futuro del planeta.

En lo particular nadie debería creerle a un hombre como Donald Trump, que se rehúsa a presentarle a los votantes su declaración de impuestos, para transparentar de donde viene y a donde va su tan presumida fortuna.

Pero quizás lo mas preocupante es la lectura falsa de un debate que tiene dos visiones muy distintas, diríamos diametralmente opuestas.

 

Una es la lectura de los analistas, politólogos e intelectuales, que racionalizan cada posición de los candidatos, otorgándole una clara ventaja a Hillary Clinton que sin duda, con datos duros y mayor aplomo sobre todo al final, se llevó la noche.

Pero existe otra lectura, las de los ciudadanos norteamericanos comunes y corrientes, los que escuchan de labios de Trump lo que quieren escuchar, aunque en el fondo sepan que son absurdos y que no se podrán cumplir.

Si buscáramos una metáfora para describir a cada uno de los candidatos, quizás la mejor la tendríamos en algún equipo de futbol.

Trump es el porrista del equipo, el que con pura emoción enardece a las multitudes, que sienten que el juego ya está ganado cuando todavía no empieza y se está en el sótano de la tabla.

 

Hillary es la coach del equipo, la que aún con sus errores históricos ya fue lo mismo estratega de jugadas clave que corredora de muchas yardas. Trae tatuadas en su cuerpo las heridas de las batallas.

Está claro que en el primer tiempo la coach se impuso al porrista. Pero faltan dos juegos mas.

¿Podrá Hillary no solo mantener el juego a su favor, sino silenciar a ese ruidoso porrista llamado Donald Trump?

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Ramón Alberto Garza

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