martes 30 mayo 2017
Que alguien me explique

El Sexenio del Dragón

Se llama Luis Carlos Castillo, le apodan “El Dragón”, y está por convertirse en la nueva pesadilla para el PRI, el PRD y para algunos corruptos gobernadores

POR Ramón Alberto Garza

Martes 15 noviembre 2016

Se llama Luis Carlos Castillo, le apodan “El Dragón”, y está por convertirse en la nueva pesadilla para el PRI, el PRD y para algunos corruptos gobernadores.

La historia de este constructor coahuilense avecindado en Mission, Texas, que ya fue aprehendido por el FBI acusado de lavado de dinero, fraude bancario y conspiración criminal, amenaza con ser la pesadilla del final del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto.

La historia de Luis Carlos Castillo es la de un modesto constructor que adquiere una máquina recicladora de carpeta asfáltica y que con padrinos políticos poderosos y ambiciosos acaba construyendo un imperio multimillonario.

 

A Enrique Martínez y Martínez, el ex gobernador coahuilense y actual embajador de México en Cuba, se le endosa el primer padrinazgo de El Dragón.

El esquema era sencillo. Jugosos contratos para recarpetear a precio inflado cientos de kilómetros de calles, a cambio de comisiones que iban o al bolsillo del gobernante en turno o a un fondo para financiar campañas políticas.

Tan popular se volvió ese esquema, que se presume que el modus operandi se exportó al Nuevo León de Natividad González Parás, al Tamaulipas de Eugenio Hernández, al Zacatecas de Amalia García, al Veracruz de Fidel Herrera, al Yucatán de Ivonne Ortega hasta alcanzar el Estado de México en los días de Enrique Peña Nieto.

 

Tan solo en Nuevo León, con documentos públicos exhibidos por encima de la mesa, Luis Carlos Castillo logró contratos de repavimentación por cerca de mil 200 millones de pesos. Faltan los que no se transparentaron.

Sobran incluso los indicios de la investigación que apuntan al priista regiomontano Felipe Enríquez como el fortalecedor y segundo gran padrino de las operaciones de El Dragón.

El ex embajador de México en Uruguay sería señalado como el articulador de un esquema que convirtió el recarpeteo en un recurso institucional para financiar campañas políticas, estatales primero, e incluso presumiblemente la presidencial.

 

Otro nombre que aparece en las fichas de investigación que sobre El Dragón ya obran en poder del FBI, es el de Juan Armando Hinojosa.

Existen innumerables registros que ligan a Luis Carlos Castillo al dueño de Higa, la constructora favorita del sexenio y relacionada al financiamiento y construcción de la llamada Casa Blanca.

Ambos –Castillo e Hinojosa- hicieron de Coahuila, Tamaulipas, Veracruz y el Estado de México, sus bases de operaciones para lograr jugosos contratos de los que presuntamente se desprendían luego generosos donativos a candidatos del PRI.

La investigación sobre El Dragón incluye la revisión minuciosa de la bitácora de vuelo de distintos aviones manejados por Imperial Air LP, propiedad de Luis Carlos Castillo.

En especial las indagatorias van sobre un Learjet 45XR, matrícula N135CG, que se presume habría sido empleado para el traslado de políticos que favorecían con sus contratos a El Dragón.

Por eso es estratégico que se vea a detalle lo que sucederá con este delicado caso judicial en Texas que dará mucho de que hablar.

Porque si es lo que las primers investigaciones presumen, El Dragón podría ser la gran pesadilla de fuego para el PRI en la antesala del 2018.

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Ramón Alberto Garza

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