domingo 23 abril 2017
Que alguien me explique

Samsung Granada 7

Las explosiones de los celulares Samsung Galaxy Note 7 llaman a la reflexión sobre la irresponsabilidad de la empresa coreana.

POR Ramón Alberto Garza

Martes 18 octubre 2016

Desayunaba ayer en un restaurante de Monterrey cuando, de súbito, escuchamos una explosión acompañada por un flamazo que concluyó con una pestilente humareda.

De inmediato, y frente a la violenta detonación, los comensales saltaron de sus asientos,  mientras el que ocupaba la mesa lanzaba al suelo el artefacto en llamas: era su Samsung Galaxy Note 7.

No nos lo platicaron. Lo vivimos vivo y a todo color. Con las peligrosas implicaciones que tiene un estallido así. En el mantel están las huellas de la explosión y en la duela del suelo los daños del fuego.

 

Los comentarios no se hicieron esperar. ¿Imaginas lo que habría sucedido si en el momento en que el aparato estalló, el usuario lo estuviera usando? ¿Qué le habría sucedido a su rostro, a sus ojos o a su oído?

Por fortuna en ese momento el dueño del Samsung Galaxy Note 7 estaba solo. ¿Qué sucedería si alguien le hiciera compañía frente al aparato que estalló violentamente y le hubiera alcanzado el flamazo?

El hecho nos llevó a reflexionar entre quienes compartíamos el desayuno en la enorme irresponsabilidad de una empresa, como la coreana Samsung, que debió de levantar de inmediato todos sus peligrosos modelos para reemplazarlos con algún dispositivo mas seguro.

 

Es una absoluta negligencia que millones de usuarios de Samsung Galaxy Note 7 anden por ahí, a la buena de Dios, confiados en que a otros sí, pero a ellos no les pasará. Lo vimos ayer: a cualquiera, en cualquier momento, le puede suceder. Y las consecuencias son impredecibles.

No en balde las aerolíneas ya anuncian en cabina que los usuarios de estos celulares los apaguen cuando aborden la aeronave. ¿Pero, si por distracción o con toda intención, el usuario no lo hace? Se corre el peligro de un incendio abordo, a 30 mil pies de altura, de consecuencias potencialmente fatales.

Es de facto convertirse en el portador de una bomba de tiempo que puede estallar sin avisar. Cuando se está cargando en el buró contiguo a la cama, en el escritorio de la oficina, en el automóvil sobre un asiento de tela, vinyl o piel o en la mesa de un restaurante, como testificamos ayer.

 

No se de cierto cuántos usuarios atenderían ya el no tan contundente llamado de Samsung para reportar sus explosivos móviles mal llamados celulares.

Pero en México la Profeco (Procuraduría Federal del Consumidor) debería ya de estar aplicando una severa sanción que incluyera un veto sobre su uso y portación.

Hasta ahora, y ante el temor de poner en riesgo el “buen nombre” de su marca, Samsung ha actuado con sigilo, sin escalar a una requisa global, de las dimensiones que el caso lo exige.

No es poca cosa el que quienes tuvieron la confianza de comprar su Samsung Galaxy Note 7 sean hoy los portadores de un arma que pone en peligro sus vidas y las de aquellos que los rodean.

Al margen de lo que suceda en el mundo, ¿no habrá alguna autoridad en México que asuma la advertencia de que el celular que compraron se les convirtió en granada de mano?

CONOCE AL STAFF DE MAGENTA

Ramón Alberto Garza

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