viernes 26 mayo 2017
Que alguien me explique

Peña Nieto y las drogas

Pocos entendían cómo el mandatario mexicano de pronto decía no a acudir personalmente a debatir el urgente tema de las drogas

POR Ramón Alberto Garza

Martes 19 abril 2016

Que bueno que el presidente Enrique Peña Nieto decidió finalmente asistir a la Sesión Especial Sobre Drogas de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS 2016).

Pocos entendían cómo el mandatario mexicano, uno de los proponentes de esa cumbre global junto con Colombia y Guatemala, de pronto decía no a acudir personalmente a debatir el urgente tema.

Quizás una de las respuestas a esa negativa se ubicaba en el último reporte presentado a principios de abril por el Departamento Antinarcóticos de los Estados Unidos.

Las cifras para México en el cultivo de heroína son alarmantes. Del 2013 al 2015, el cultivo de amapola –de donde se extrae la sustancia- se elevó un 160 por ciento.

En 2013 la producción de amapola era de 11 mil hectáreas; ahora se estima –por los reportes satelitales de la inteligencia norteamericana- que está en 28 mil toneladas.

Sin duda que estas cifras pusieron los pelos de punta a mas de un asesor presidencial en la materia, que propuso no exponer a México y al presidente Peña Nieto a un fusilamiento diplomático-mediático en Naciones Unidas.

 

Sin duda el mandatario y sus allegados reaccionaron para entender que sin duda existe un gravísimo problema el la elevación tan dramática del cultivo de la amapola.

Pero que la segunda parte de la ecuación implica que del otro lado, en los Estados Unidos, existe un mercado sediento en el consumo de esa droga.

La heroína no es un fármaco barato. Tiene un valor de mercado de entre 500 y 600 dólares el gramo. Está claro que la producción mexicana no es para consumo interno. Los mexicanos adictos no pueden pagar esos lujos.

Y si para México puede haber un muy justificado  extrañamiento sobre la incapacidad o la complicidad para combatir el cultivo de la amapola, lo mismo debe suceder para Estados Unidos.

No es fácil pasar por las aduanas fronterizas mexicanas las toneladas de la costosa droga, sin que también la incapacidad o la complicidad de las autoridades norteamericanas se haga presente.

Por eso se hacía indispensable que el presidente Peña Nieto cumpliera con su cita en la gran cumbre de las drogas en Nueva York.

 

Para dejar en claro que si bien en México el cultivo de la amapola florece frente a la extrema pobreza de millones de mexicanos, del lado norteamericano su consumo se dispara por la demanda desproporcionada de millones de norteamericanos el suficiente dinero para comprarla.

Si fue una reconsideración, o si fue la oportunidad de que el ministro italiano cambiara su agenda y se abrió la oportunidad para que la agenda del mandatario mexicano le permitiera asistir, es lo de menos.

Una posición así jamás, bajo ninguna agenda, debe abandonarse, sobre todo cuando está de por medio el destino de una nación que ya derramó tanta sangre en el combate contra las drogas y que tiene la mayor frontera posible con el consumidor número uno del planeta.

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Ramón Alberto Garza

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