martes 30 mayo 2017
Que alguien me explique

Peña Nieto, ¿el golpe?

O el presidente Enrique Peña Nieto da un golpe de timón o algunos de quienes cree sus allegados se lo terminarán dando

POR Ramón Alberto Garza

Viernes 24 junio 2016

 

Las evidencias son claras y se acumulan por horas, elevando el enojo social y confirmando que no existe ni estrategia ni rumbo para cerrar el sexenio como la realidad lo demanda.

A los muertos o desparecidos de Tlatlaya, Tanhuato y Ayotzinapa ahora se suman los de Nochixtlán, en Oaxaca. ¿Se creará otro Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes?

 

A las derrotas en 2015 en Nuevo León, Querétaro y la metrópoli tapatía, se le suman en 2016 las de Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo, Durango y Chihuahua. El mapa tricolor nacional se eclipsa.

Algunas secretarías de Estado dejaron desde hace meses de operar para su jefe el presidente. Ya no les reditúa. Y sus titulares atienden otras lealtades, despachando con la vista fija en el 2018.

Los frentes de confrontación se acumulan. Maestros, desaparecidos, partidos políticos, ex presidentes, secretarios de Estado, gobernadores, ONGs y ahora lo que faltaba: Iglesia y empresarios, casi al alimón.

 

Hay traiciones y traidores que se ocultan tras la posición de poder conferida, que operan a contracorriente del gobierno al que dicen representar, creyéndose invisibles e intocables.

Son los mismos “cercanos” al presidente que pactan sus triunfos con la oposición o que financian a otros partidos con la ilusión de que, si el PRI no los postula en el 2018, tendrán quien lo haga a cambio de los favores pagados por anticipado.

El discurso oficial se erosiona, los lugares comunes ya no penetran en el inconsciente colectivo y las promesas no echan raíz en la esperanza. La comunicación es fallida.

Los rostros de Osorio y Nuño inundan diariamente las pantallas de televisión con sus repetitivas arengas. Unas sobre seguridad y otras sobre educación. Nadie les cree.

 

Lo único cierto es que los muertos no cesan y los maestros no abandonan la marcha. Y a fuerza de repetir el discurso con los mismos rostros, el ciudadano común y corriente  se pregunta: ¿A qué horas gobiernan?

Faltan poco mas de dos años para el final del sexenio, pero las puertas se comienzan a cerrar. Y las disputas dentro del mismo gobierno son el testimonio vivo de la falta de unidad para concluir sanamente el ciclo sexenal.

En la victoria, el frente común es simple de estructurar. Lo demostraron en la primera mitad del sexenio con las reformas estructurales paridas bajo el signo del Pacto por México.

En la derrota, aparece la noche de los cuchillos largos, la de las venganzas y la de las traiciones. Las del sálvese quien pueda. Las de aquellos que se niegan a abandonar el barco mientras construyen al mismo tiempo una balsa a la medida de sus ambiciones.

El presidente está obligado a abrir los ojos, a hacer el balance por mas duro que sea y a replantear estrategia, rumbo y equipo, para entregar.

Dos años pueden ser muchos si existe una voluntad en el  horizonte. O demasiado pocos, y de pesadilla, si se ignoran los evidentes signos de la descomposición.

 

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Ramón Alberto Garza

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