martes 30 mayo 2017
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Súper martes: ¿Nos va a cargar el payaso?

Las campañas presidenciales de Estados Unidos llegan a una de sus fechas más importantes marcadas por un discurso abiertamente anti-inmigrante, proteccionista e incluso anti-mexicano

POR Rodrigo Carbajal

Martes 1 marzo 2016

Desde que se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), México dejó de ser una prioridad en el mapa político estadounidense.  La administración del Presidente Barack Obama no ha logrado consolidar el nombramiento de un embajador en México desde la salida de Anthony Wayne a finales de junio.

Las elecciones de 2016 han cambiado esta perspectiva, probablemente para mal. Tal como hace veinte años, México ha vuelto a ser el centro de atención para la opinión pública de Estados Unidos.  Entonces, el presidente Carlos Salinas vendió una idea de que México era un país moderno que podía impulsar a América del Norte como la región más competitiva del mundo.

Ahora, el país es visto como la raíz de todos los problemas estadounidenses: migración, violencia, pérdida de empleos, etc. Al menos esa es la percepción de los candidatos presidenciales, tanto en el lado republicano como en el lado demócrata.

Los resultados de las dos primeras elecciones primarias, Iowa y New Hampshire, han dado una muestra de quiénes podrían ser los contendientes finales para la elección presidencial de noviembre de 2016.

 

Las campañas se han caracterizado por mantener un discurso abiertamente anti inmigrante e incluso anti mexicano.

A lo largo de todo el espectro político de Estados Unidos, desde la derecha xenófoba de Donald Trump hasta la izquierda proteccionista de Bernie Sanders; se ha creado una narrativa en la que la supervivencia de ese país depende del aislamiento, de la construcción de un muro, físico y político, frente a México.

Sanders, el candidato más progresista de las campañas presidenciales, fue cuestionado por un periodista respecto de la posibilidad de implementar una política de fronteras abiertas. El rechazo fue categórico: “No, esa es una propuesta de los hermanos Koch, es una propuesta de derecha que dice esencialmente que los Estados Unidos no existen.”

El periodista reviró y dijo que eso podría elevar el nivel de vida de una gran cantidad de personas en el mundo. Sanders mantuvo su postura: “También haría a todos en Estados Unidos más pobres, lo haría de un modo en el que se soslayaría el concepto de un Estado nación. No creo que haya algún país en el mundo que crea en eso”.

La crisis económica de 2008 dejó secuelas políticas que se han vuelto patentes en una creciente polarización. Esto dio lugar al debilitamiento de los políticos moderados del centro, como es el caso de Jeb Bush; al fortalecimiento de políticos con un discurso abiertamente anti inmigrante, como Ted Cruz; así como a la entrada de figuras externas que aprovechan la radicalización del electorado para posicionarse políticamente.

La manifestación más evidente de esta polarización es Donald Trump, un empresario que en la década de los noventas simpatizaba con los Clinton.

El éxito de Trump, quién hace meses difícilmente era considerado un serio contendiente por la presidencia, está anclado a promesas de deportación, de la construcción de un muro fronterizo que será pagado por México, del castigo a empresas que lleven su producción a otros países, así como de la cancelación del TLCAN.

La efectividad del discurso de Trump ha motivado a sus contrincantes a seguir una línea similar. Sin embargo, esta postura representa un suicidio político. De acuerdo al Pew Research Center, el 11 por ciento del electorado estadounidense es latino.

El futuro es menos prometedor para los seguidores de Trump: el 54 por ciento de los latinos aún no son elegibles para votar y se proyecta que  para el 2050 uno de cada cuatro estadounidenses serán hispanos.

Donald Trump

Foto: AP

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Rodrigo Carbajal

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