martes 28 marzo 2017
Lo que Importa

Lecciones de una guerra contra la corrupción

Si México está pensando en iniciar una cruzada nacional contra la corrupción, quizá debería voltear a ver lo que ha pasado en Rumania

POR Rodrigo Carbajal

Miércoles 21 diciembre 2016

La corrupción será el tema central de las elecciones presidenciales de 2018.

Y si México está pensando en iniciar una cruzada nacional contra la corrupción, quizá debería voltear a ver lo que ha pasado en Rumania.

Desde que Laura Codruta Covesi se convirtió en la cabeza del Directorado Anticorrupción se han hecho mil acusaciones formales contra políticos corruptos cada año, con una tasa de convicción del 90 por ciento.

Tan sólo el año pasado fueron juzgados:
1 primer ministro
5 ministros de Estado
16 miembros del parlamento
5 senadores
97 alcaldes (incluyendo el de la capital)
32 directores de compañías nacionales
497 burócratas en posiciones administrativas

La guerra contra la corrupción, el nuevo centro de la vida pública en Rumania, no tiene precedentes y ha llegado a tal grado que las detenciones de políticos se han vuelto un show mediático en el que se expone públicamente a funcionarios corruptos.

Además, el Directorado Anticorrupción no sólo ha ido detrás de la clase política. Bajo la dirección de Laura Codruta Covesi también se ha castigado a empresarios que toman ventaja de sus contactos dentro del gobierno.

El magnate de medios Dan Voiculescu, dueño de uno de los principales periódicos del país, fue sentenciado a diez años de prisión.

Ioan Niculae, el hombre más rico de Rumania y miembro de la lista de multimillonarios de Forbes, también fue sentenciado a dos años y medio de prisión por el financiamiento ilegal de campañas del Partido Social Demócrata.

En cierto sentido, la historia de Rumania es paralela a la de México.

En ambos países, la corrupción es un fenómeno sistémico y generalizado.

En ambos países, alrededor del 50 por ciento de la población vive en condiciones de pobreza.

En ambos países, hay un hartazgo ciudadano que se basa en el desprecio total por la clase política y la élite empresarial políticamente conectada.

La diferencia es que en Rumania sí existe un organismo anticorrupción independiente que incluso cuenta con el apoyo del servicio secreto.

Del 2014 al 2015, Rumania pasó del  lugar 69 al lugar 58 en el ranking de países menos corruptos que elabora Transparencia Internacional.

El año pasado, la presión del Directorado Anticorrupción y las protestas masivas de ciudadanos obligaron a dimitir al Primer Ministro Víctor Ponta, del Partido Social Demócrata.

Sin embargo, la guerra anticorrupción no ha sido sinónimo de cambio político.  

La semana pasada, el Partido Social Demócrata, un ícono de corrupción, arrasó en las elecciones parlamentarias con más del 50 por ciento de los votos.

Esto, a pesar de  los escándalos del ex primer ministro y a que el líder de partido, Liviu Dragnea, había sido acusado formalmente de fraude electoral.

La lección de Rumania es tan triste como real… y es que, aún si México logra la hazaña de crear un organismo anticorrupción fuerte e independiente, los Duarte y los Borge siempre tendrán la posibilidad de volver a la vida política.

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Rodrigo Carbajal

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