martes 30 mayo 2017
Que alguien me explique

El efecto Duarte

La petición de Javier Duarte para separarse de su puesto como gobernador de Verarcuz, es la crónica de una licencia largamente anunciada

POR Ramón Alberto Garza

Jueves 13 octubre 2016

Javier Duarte pidió licencia como gobernador de Verarcuz.

Es la crónica de una licencia largamente anunciada.

El argumento personal de su licencia es para dedicar su tiempo completo a defenderse de la decena de juicios en su contra.

La lectura de calle es la urgencia de frenar la descomposición política y financiera de aquella entidad, en la víspera de lo que se pronostica como una transición violenta.

Pero sobre todo para frenar el excesivo deterioro de la imagen que se vive no en Veracruz, sino en México por entero, y que se le endosa a la laxitud de la políticas anticorrupción en el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

 

Hay que aceptar que Duarte es apenas el primer peón en una lista de “sacrificables”, con los que el Pri-Gobierno buscará limpiar su expediente, a fin de evitar lo que hoy –como están las cosas- se anticipa como su gran debacle política del 2018.

Para llegar hasta aquí, el gobernador veracruzando debió enfrentar a dos enemigos: a Javier Duarte -a sí mismo-, y a su némesis e inminente sucesor, Miguel Ángel Yunes.

Decimos que el principal enemigo de Duarte es él mismo, porque el hoy mandatario licenciado midió equivocadamente la fuerza de sus enemigos, adversarios y malquerientes.

Su estilo personal, que podía sonar fanfarrón y en ocasiones parecía altanero y retador, provocaba todavía mas la ira de aquellos que lo cuestionaban.

 

Fuera en asuntos de seguridad, de presupuesto, de deuda, de desaparición y muerte de periodistas o de adversarios políticos, el ex gobernador siempre asomaba una actitud de autosuficiencia contestataria.

Quizás Duarte no tenga todo lo que dicen que tiene, o haya consumado la mitad de lo que dicen que operó, pero sus enemigos fueron capaces de agruparse para operar mediáticamente la imagen del corrupto monstruo de mil cabezas.

Su otro enemigo, y ahora inminente sucesor en la gubernatura, Miguel Angel Yunes, buscó capitalizar ese descrédito de Duarte para escalar su candidatura y su victoria bajo la bandera del PAN. Y lo consiguió.

Duarte y Yunes se enfrascaron en una recíproca disputa de lodos públicos, del uno contra el otro. Y aunque el gobernador en funciones fue el que se vio mas golpeado, el ahora gobernador entrante tampoco salió bien librado.

 

Tanto, que no es difícil que una vez solicitada la licencia de Duarte, un próximo paso sea el abrir alguno de los expedientes judiciales en contra de Yunes, buscando ensuciar o incluso bloquear su ascenso al poder.

Pero para siquiera intentar hacerlo, Duarte debía ya no ser la manzana de la discordia. Otorgada la licencia, el camino para actuar contra el inminente gobernador panista está libre. ¿Se atreverán?

Por ahora el llamado Efecto Duarte pone los reflectores sobre Roberto Borge, el exgobernador priista de Quintana Roo y sobre Guillermo Padrés, el ex gobernador panista Sonora. Y está pendiente César Duarte, el ex gobernador de Chihuahua.

Sobre esas cabezas rodadas pretende construirse una reivindicación nacional que, si no se maneja con pinzas, acabará por desarticular al sistema por entero. Sálvese el que pueda. ¿Quién cierra la puerta?

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Ramón Alberto Garza

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