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Trump, el anti-Washington

En la historia de Washington y el cerezo Donald Trump, no sólo hubiera mentido sino que además le habría echado la culpa a terceros inocentes para salvarse
Una de las historias-pilar en la educación norteamericana es la de la anécdota del pequeño George Washington y el árbol de cerezo. Cierta o falsa, siempre en debate, cuentan que cuando el pequeño Washington vivía en una granja de Virginia, su padre le enseñó a cabalgar, a cuidar sus huertos de manzanos, duraznos y perales. Uno de los árboles mas preciados era un cerezo, que el padre de Washington y con el que tenía especial cuidado porque era único. Cierto día, al pequeño Washington le regalaron una hacha y decidió salir a podar árboles. Pero con el frágil cerezo ya en flor, se excedió y acabó por talarlo. Cuenta la historia, que repiten como mantra en todas las escuelas norteamericanas, que el papá de George Washington se molestó tanto, que mandó llamar a su hijo para castigarlo severamente. Pero cuando el padre le preguntó al pequeño: “Dime, hijo, ¿por qué talaste el árbol?”, el niño le respondió tartamudeando: “Yo estaba jugando y no pensé…” El padre de George Washington le explicó a su hijo las consecuencias de su acto y le dijo: “Mírame, hijo. Lamento haber perdido el cerezo, pero me alegra que hayas tenido el valor de decir la verdad. Prefiero que seas franco y valiente, a tener un huerto entero con los mejores árboles. Nunca lo olvides, hijo mío”. Y fue así como esta anécdota de quien se convirtió más tarde en el Padre de la Patria, dejó en claro el valor supremo de la verdad. Traemos a cuento la anécdota, porque la ira crece entre los norteamericanos al comprobar que su actual presidente Donald Trump es un mentiroso compulsivo. Dicho en otras palabras, si Trump hubiera sido Washington, de seguro le habría mentido sobre la tala del cerezo a su papá. Y lo que es peor, le habría echado la culpa a terceros inocentes. Todo para salvarse a sí mismo. Una de las últimas mentiras de Trump, fue el de la supuesta llamada que el presidente Enrique Peña Nieto le habría hecho para felicitarlo por el éxito de su política migratoria. La llamada nunca existió. Fue un comentario, en otro contexto, en la reunión del G20, casi un mes atrás. Pero Trump la acomodó a sus intereses y fue desmentido por el gobierno mexicano, para acabar aceptando públicamente la mentira, minimizando “el incidente”. Pero la mentira que mas indignó a los norteamericanos, es que Trump habría obligado a su hijo a mentir, en una carta en la que Donald Junior niega cualquier reunión con una abogada rusa durante la campaña presidencial. El dicho era una burda mentira. Eso equivale a que George Washington padre le hubiera dicho a su hijo, el pequeño George, que mintiera sobre el árbol de cerezo y que le echara la culpa a alguno de sus trabajadores. En la época moderna, los norteamericanos vivieron dos mentiras políticas de escándalo: el caso Watergate con Richard Nixon y el caso Mónica Lewinsky con Bill Clinton. A Nixon lo condenaron porque mintió una y otra vez sobre el espionaje a sus rivales. A Clinton acabaron perdonándolo porque, como el pequeño Washington, aceptó su culpa y se disculpó. Trump está en serios problemas. A los norteamericanos serios les alarman sus mentiras, que fabrique historias, inventando fake news a la medida de sus intereses. Y esa “debilidad”, en quien tiene entre otras cosas los códigos del armamento nuclear en sus manos, puede ser letal no solo para Estados Unidos, sino para el planeta entero.