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SliMéxico S.A.

A pesar de que el sistema intenta meter en cintura a Carlos Slim para frenar sus abusos, siempre acaba premiándolo y quizá esto no es otra cosa que una compra de su alineación
No cabe duda que Carlos Slim nació con estrella, mientras que millones de mexicanos a los que presta sus servicios de telefonía nacieron estrellados. Solo bajo esa esotérica explicación puede entenderse la reversa que la Suprema Corte le dio ayer a la tarifa cero de interconexión telefónica. Para entender en simples palabras, este es un serio revés a la cacareada reforma de Telecomunicaciones, que buscaba crear un suelo mas parejo para la competencia de telefonía. Lo que los ministros fallaron es volver a los días en que Telcel les hacía la vida imposible a Telefónica, Iusacell, Nextel como ahora lo hará también con ATT y a Axtel, imponiendo desorbitados cobros por cada llamada, bajo el argumento de que la red nacional era suya. Eso dejaba fuera de mercado a la mayoría de sus competidores, algunos de los cuales acababan dedicando casi el total de sus ingresos a pagar esa tarifa impuesta por Slim y sus empresas. Se supone que la aplaudida Reforma de Telecomunicaciones gestó como un gran logro la cancelación de esa desigual tarifa. Y gracias a eso, los costos de la telefonía no solo pudieron ser mas competitivos para los rivales, sino más bajos para el consumidor. El presidente Enrique Peña Nieto venía presumiendo en sus discursos, que entre sus logros del sexenio estaba la nueva legislación que abarató sustantivamente los recibos de la telefonía en México. Pues ya no más. Para atrás los fielders. Gracias al fallo de la Corte, a partir del 2018 las telefónicas volverán a pagarle el diezmo y las primicias a uno de los hombres mas ricos del mundo, que quizá con esa recuperación de bolsillos vuelva al primer lugar de la riqueza global. El peligro del debatido fallo está en que algunas de las más fuertes telefónicas –como Movistar o ATT- amenazaron con salirse del mercado ante la afrenta de volver al pasado. Sobre todo cuando ellos trazaron sus planes de negocio a futuro bajo las nuevas reglas, y esas reglas ya no existen. Por eso elogiamos la descomunal suerte de Carlos Slim. Porque a pesar de que el sistema lo intenta meter en cintura para frenar sus abusos, siempre acaba premiándolo. Al que lo dude, que pregunte quien fue el suertudo arquitecto que ganó la licitacion para diseñar el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, con un contrato de mil 200 millones de pesos: Fernando Romero, el yerno de Slim. O cual fue la constructora beneficiaria que lidera la edificación de la terminal del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México a un costo de 83 mil millones de pesos: IDEAL, de Slim. Quien es una de las corporaciones beneficiadas con la apertura energética, que subasta zonas de exploración y explotación de petróleo: Carso Oil & Gas, de Slim. Sin olvidar que en el sexenio de Felipe Calderón, el sistema nacional de seguridad llamado Plataforma México, en el que se invirtieron miles de millones de pesos, se le concesionó también al suertudo de Slim. ¿Funciona? ¿O ya está inservible? Pero todo comenzó con la historia de aquel modesto hijo de abarroteros que creció al amparo de sus hadas madrinas, las que con sus varitas mágicas le otorgaron prebendas bancarias y de telecomunicaciones. Ahora es imposible nadarle a contracorriente, porque su poder económico se vuelve muy pequeño frente a su enorme influencia política. Y quizás el premio de devolverle sus tarifas de interconexión no sea otra cosa que comprarle su alineación con el establishment, que quiere conservar –a cualquier precio- la silla presidencial 2018. ¿Será?