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08 Septiembre 2017

¿Quien se queda con el PAN?

La partida ya la ganó Ricardo Anaya. Con la nueva postura del PRI de rechazar el pase automático del nuevo Fiscal de la Nación, el presidente del PAN se fortalece
Está claro que la partida ya la ganó Ricardo Anaya. Con la nueva postura del PRI de rechazar el pase automático del nuevo Fiscal de la Nación, el presidente del PAN se fortalece. La campaña en su contra se enredó entre los debates legislativos y al final del día dejó con un palmo en las narices a los calderonistas que lo traicionaron. Ernesto Cordero, Roberto Gil Zuarth y Javier Lozano, entre otros, acabaron por ser “los tricioneros traicionados”. Le hicieron caso al priista Emilio Gamboa y se embarcaron en una aventura política que fracasó. Los dejaron solos. El presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, salió a pronunciarse contra el pase automático de Procurador a Fiscal y despejó el camino para acabar con el desacuerdo. La mesa directiva de la Cámara de Diputados se instalaría. Pero en el camino quedaron tirados los muertos. Y después de no sobrevivir al atropellamiento del Ferrari, los damnificados mayores se ubican en el ala calderonista del PAN. Fueron ellos los que no solo se le rebelaron a Anaya y a la dirgencia albiazul, sino que ya “autónomos” entraron a pactar de lleno con Gamboa y los tricolores para buscar el madruguete y sacar adelante el pase automático. El hecho de que Ernesto Cordero fuera propuesto como presidente del Senado, no por su partido sino por sus adversarios, exhibió de lleno dónde están las traiciones y dónde lealtades. Y por supuesto las complicidades. Pero la traición del bloque calderonista recibió una inmediata respuesta de la cúpula panista, encabezada por Anaya, dejando en claro que como partido, Acción Nacional actuaba en bloque y avalaban de lleno al #NoAlFiscalCarnal. Y ese solo hecho ya desgajó al PAN, para ubicar en una esquina a los anayistas, quienes incluso defendieron a su líder de los ataques por presunto enriquecimiento inexplicable. Y en la otra a los calderonistas que, pacto del 2006 y del 2012 de por medio, se exhibieron como comparsa de un juego político que acabó frustrado. Hoy la pregunta de fondo es en que posición queda Margarita Zavala quien por un lado se deslindó de apoyar el pase automático, pero por el otro se le fue a la yugular a Ricardo Anaya, exigiendo su renuncia. Pero como no se puede quedar bien con Dios y con el Diablo, la ex primera dama y puntera en las encuestas para abanderar al PAN en la candidatura presidencial 2018, estableció posición al no aparecer en la última rueda de prensa con los panistas opuestos el pase automático. Lo que se vislumbra es que el PAN acabará dividido en dos: en un bloque los anayistas que se fortalecen con su triunfo y en el otro los calderonistas que como avestruces tendrán que esconder la cabeza en algún agujero que sin duda les cavará Gamboa. Y si eso sucede, uno de los dos bloques azules acabará creando un proyecto político independiente rumbo al 2018. O aportarán el capital político con el que emigren a alguna otra causa no panista. Por eso advertimos hace mas de un año que Margarita Zavala debía divorciarse, políticamente hablando, del ex presidente Felipe Calderón. Para que no acabara pagando, como lo hace hoy, el precio de los pactos etílicos de un calderonismo que ya amplió sus traicioneros acuerdos del 2012 hasta el 2018. Pasamos del enriquecimiento inexplicable, al arrepentimiento inexplicable.