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04 de Diciembre del 2017

Se hunde Trump

Conforme avanzan las investigaciones a Donald Trump sobre el llamado Rusiagate, aumentan los cuestionamientos podrían llevar a Donald Trump dejar la Casa Blanca
Donald Trump ya no puede escapar de la posibilidad de una salida abrupta de la Casa Blanca. Conforme avanzan las investigaciones del llamado Rusiagate crecen las pruebas que confirmarían que el controvertido presidente de los Estados Unidos pudo haber incurrido en actos que tipifican obstrucción de la justicia. Y eso, al menos en Norteamérica, cuando se vincula al inquilino de la Casa Blanca, termina con su renuncia o con un proceso judicial que lo destituya. Remember Nixon. Recordemos esta telenovela rusa. En enero del 2017 investigaciones de la Oficina del Director Nacional de Inteligencia concluyeron que Rusia prefería al candidato republicano Trump por encima de la demócrata Hillary Clinton. Y que Vladimir Putin en persona ordenó influir en la campaña presidencial para minar la confianza del electorado, demeritar la democracia y alentar el triunfo de Trump. El FBI inició una investigación y el Senado una serie de audiencias que evidenciaron esa intromisión rusa en las elecciones del 2016. El primer encontronazo se dio entre Trump y su director del FBI, James Comey, cuando el jefe de inteligencia confirmó públicamente que Rusia sí interfirió en la elección y calificó esa interferencia como un acto hostil. Disgustado, Trump cesó a Comey, porque como director del FBI se negó a darle carpetazo al Rusiagate, y en especial de frenar las investigaciones contra su Consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn. El caso se tornó tan espinoso, que el Senado acordó designar a un ex director del FBI, Robert Mueller, como Fiscal Especial. En pocas semanas ese fiscal arrinconó a Paul Manafort, director de la campaña de Trump, y a uno de sus principales consejeros, George Papadopoulos. Los obligó a entregarse y a colaborar con la justicia, para aclarar cargos de perjurio y presunto lavado de dinero con capitales soviéticos. Las confesiones de Manafort y Papadopoulus, elevaron la atención sobre dos nombres. Uno, el de Jared Kushner, el yerno de Trump, y otro el de Donald Trump Junior, hijo del mandatario. A ambos se señala reiteradamente como contactos centrales con funcionarios soviéticos buscando descarrilar la campaña de Hilary Clinton. Trump confió en que el cese de Michael Flynn bajaría las presiones, pero operó al contrario. Presionado por Muller, el ex Consejero de Seguridad Nacional acabó aceptando que le mintió al FBI. Y la heroica defensa que Trump hizo de Flynn el día de su salida, rodó por los suelos. Buscando una salvación, Flynn pactó la semana pasada ante el fiscal declararse culpable y revelar muy delicados detalles del Rusiagate, a cambio de que se le reduzca sensiblemente la sentencia. Pero frente a este vuelco de la historia, Trump volvió a cometer el error de cambiar su propio libreto. Y usó su arma favorita, el Twitter, para disparar, diciendo que él despidió a Flynn porque le mintió al Vicepresidente Pence y al FBI. Y bajo esta nueva versión emerge la gran pregunta. ¿Cuando el presidente le pidió a Comey, entonces director del FBI, que dejara pasar la investigación de Flynn, se trató de un actodeliberado que tipifica como obstrucción de la justicia? ¿Buscó el presidente de los Estados Unidos rescatar a Flynn, quien les había mentido, porque prefería evitar el escándalo antes que entregarlo a la justicia? Esos son los cuestionamientos que obligan hoy al llamado hombre mas poderoso del planeta a enfrentar a sus peores demonios políticos que lo podrían llevar en unos meses a dejar la Casa Blanca. ¿Tendrá con qué defenderse o buscará iniciar un conflicto armado para salvar su ego y su presidencia?