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08 de Enero del 2018

Saqueos de golpe

¿Acaso una provocación que obligue el estreno de la controvertida Ley de Seguridad Nacional? ¿Exigir la salida de militares a las calles para sofocar las revueltas?
El 2018 arrancó con las impactantes imágenes de los saqueos masivos y el vandalismo urbano en el Estado de México y algunos barrios de las Ciudad de México, Michoacán e Hidalgo. Supertiendas y mayoristas de electrodomésticos como Aurrerá, Sams, Coppel y Famsa, entre otros, fueron saqueados por cientos de iracundos que se robaron lo que pudieron. Ya hay 113 detenidos. Las escenas recordaron aquellas que un año antes, justamente en los primeros días de enero, bajo el llamado “gasolinazo”, vaciaron e incluso incendiaron decenas de comercios en media docenas de estados en el país. Con la diferencia de que -al menos en la superficie- ahora no existe una motivación clara y evidente, como la de aquel aumento a la gasolina decretado en enero del 2017. De ahí que los analistas de la inteligencia oficial se cuestionen el origen de la nueva súbita inestabilidad social y se pregunten: Quién es la mano que mece esa cuna. Lo primero que se advierte es que un despliegue tan organizado, con tanta violencia y vandalismo simultáneos, solo puede tener dos puntos de partida. Uno, la explosión espontánea de sectores de la población que, amparados en la anarquía, protestan por el encarecimiento de la vida y el alejamiento de un nivel de sobrevivencia mínimo. O dos, el patrocinio de una subversión con tintes claramente políticos, apadrinada por alguien con intención de crear las condiciones para evidenciar al sistema y ponerlo contra la pared. Frente a los saqueos del gasolinazo del 2017, el vandalismo en estos primeros días del 2018 arrecia en medio de tres factores que no se deben ignorar. Primero, sucede en el Estado de México, la entidad origen del presidente Enrique Peña Nieto y del grupo político que detenta el poder en nuestro país. Una entidad que estrena como su gobernador al joven y cuestionado Alfredo del Mazo. ¿Mensajes al mandatario en su último año o caladitas al nuevo gobernador en su primer año? Segundo, los saqueos inauguran el año electoral de la sucesión presidencial, intentando exhibir a un gobierno al que peligrosamente se le estaría saliendo de las manos la estabilidad social. ¿Acaso una provocación que obligue el estreno de la controvertida Ley de Seguridad Nacional? ¿Exigir la salida de militares a las calles para sofocar las revueltas? Y tercero, que detrás de esos “espontáneos” estallidos, convocados a través de millones por redes sociales y con ciber-instigadores profesionales, se asomen evidentes diferencias de poder. Son las disputas entre quienes buscan continuar y prolongar un proyecto político y las de aquellos que se sienten marginados de un futuro que se les escapa de las manos, sin posibilidad alguna de recuperarlo. Solía decir aquel mítico priista de nombre Alfonso Martínez Domínguez que en México, para ser un buen político, no hacía falta saber resolver los problemas…. había que saber crearlos. Y aquellos que promueven los saqueos de súper tiendas y tiendas departamentales, filiales de firmas globales o de corporaciones mexicanas que cotizan en la bolsa, saben el impacto que pueden generar. Pegan en donde duele. Sean anarquistas que solo ven en ese caos la posibilidad de un cambio o facciones políticas que intentan arrebatar el poder perdido, el gobierno en turno debe responder a la altura. Por lo pronto es un muy mal presagio en los amanecer del 2018, despertar con esa sensación de que algo grande se nos está saliendo de control.