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San Slim y su evangelio

Quizá la memoria de Carlos Slim le impide recordar que él no hace políticos, es cierto, pero con su dinero él los compra
“Dar solamente aquello que te sobra nunca fue compartir, sino dar limosna… si no lo sabes tu, te lo digo yo” Alejandro Sanz Una vez mas el magnate Carlos Slim sale a evangelizarnos a los mexicanos con su filosofía verde, aquella que se da no desde el Monte de los Olivos, sino desde la diáfana visión que dan las montañas de dinero. Y en su mas reciente epístola a los políticos y empresarios, quien compite por ser el hombre mas rico del planeta nos dice que “los empresarios que se quieran hacer políticos, que les gusta la política, son más políticos que empresarios. Estamos ante todo un hallazgo científico de alcance mundial que nos enseña que el ser político o ser empresario es una genética pura y excluyente. De acuerdo al evangelio de Slim, aquí no se admiten transgéneros. Quizás sería prudente que le preguntáramos al presidente honorífico de Grupo Carso con cuanto dinero contribuyen él o sus corporaciones para “hacer políticos” en México. Porque quizás su memoria de empresario genéticamente puro le impida recordar que él no hace políticos, es cierto, pero con su dinero él los compra. O acaso no sabe que cada tres años suele darse un desfile de candidatos a diputados y senadores por el hotel Calinda, en la Ciudad de México, donde uno de sus mejores operadores, Ignacio “Nacho” Cobo, les entrega a esos candidatos jugosos cheques para financiar sus campañas. Son candidatos de todos los partidos, de todos los colores y sabores, que operan ese recurso marginal, sin pasarlo por la declaración de fondos de campaña ante el Instituto Nacional Electoral. La evangélica filosofía de esa generosidad para financiar legisladores es muy simple. Que sean suficientes diputados y senadores los que le deban a favor para que, cuando sea necesario, lo devuelvan aprobando o frenando leyes. ¿Cómo? Cabildeando a favor de propuestas que favorezcan a los intereses de las empresas del consorcio. O si en una votación legislativa muy apretada se hace necesario, simplemente ausentarse para impedir que se consume lo que no se desea que pase. Así de sencillo. Y no es diferente en las campañas para gobernadores o incluso algunas para presidentes municipales. Valdría la pena preguntar, por ejemplo, con cuanto contribuyó Slim a la exitosa campaña de Jaime “El Bronco” Rodríguez. ¿Lo apadrinará también en sus sueños por instalarse en Los Pinos? Porque ahí está la astucia de este empresario genéticamente puro. Que le apuesta a todos, sobre todo si se trata de la elección presidencial. Para que cuando se gane la elección, sea con tricolor, azul o amarillo, Slim siempre gana. O a poco cree Slim que su concesión para hacerse de Telmex, la joya de la corona de las privatizaciones en los 90, y ahora para darle a su yerno el diseño del nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México o a su Constructora Ideal la hayan favorecido con la construcción de la terminal de esa mega obra, son meras casualidades empresariales, y no de canje de intereses políticos. Por eso admiramos y cantamos hosannas sobre el evangelio de San Slim. Porque nos ilumina el entendimiento para saber que en México no hace falta convertirse en político para hacer política. Desde su fortuna empresarial genéticamente pura, él hace a los políticos, los financia y los coloca en la silla… Por eso no quiere mas empresarios en la política. Porque ese territorio, también es su territorio Telcel.