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11 de Agosto del 2017

Un PRI por la libre

Las semanas que anteceden a la Asamblea Nacional del PRI ahora sin candados están marcadas por la intensificación del fuego amigo, desde adentro de las propias filas tricolores
La aparente rebelión dentro del tricolor fue sofocada. El presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, puede elaborar un parte de guerra de victoria, sin novedad en el frente. Los candados fueron abolidos y ya hay libertad para seleccionar candidato presidencial sin antecedentes de militancia partidista. ¿Apertura con dedicatoria directa al secretario de Hacienda, José Antonio Meade? ¿Ampliación del abanico para crecer las posibilidades, más allá del puntero secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong y del secretario de Educación Aurelio Nuño? ¿O garantía para tener la manga ancha y aparecer bajo el sombrero a un Caballo Negro, como el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid? Sea lo que fuere, si la decisión del candidato tricolor se mantiene en Los Pinos, no hay duda que el resultado de la Asamblea del PRI -que se protocolizará mañana sábado- le amplía el margen de maniobra al presidente Enrique Peña Nieto. Mucho le debe el inquilino de Los Pinos a Ochoa Reza después de sacar, haiga sido como haiga sido, primero la elección del Estado de México a favor del PRI y ahora la asamblea tricolor, que se anticipaba turbulenta y tormentosa, sin contratiempos y con el rumbo previsto. Sin duda que se dieron jaloneos y zancadillas. Y tampoco hay duda de que acabaron por negociarse posiciones y cuotas de poder para “los rebeldes”, a partir del reparto del pastel 2018. Pero el fin acabó por justificar los medios, y ahora el horizonte apunta hacia la selección del ungido. Las semanas que anteceden a la gran decisión tricolor están marcadas por la intensificación del fuego amigo, desde adentro de las propias filas tricolores. Porque ni duda cabe que frente a las circunstancias de un Andrés Manuel López Obrador hasta el momento imparable, la propuesta para construir un Macron tricolor desde una candidatura ciudadana, incluyente y en obligada alianza, luce no solo como la mejor, sino como la única opción. Pero, ¿cómo justificar a un “no militante”, cuando las encuestas favorecen abrumadoramente al inquilino de Bucareli? ¿Cómo acomodar las fichas para que el candidato del PRI, si viene desde la no militancia, pueda ser aceptado en alianza por otros partidos que se sumen? ¿Quiénes de los llamados “rebeldes”, dolidos porque sus ambiciones fueron sofocadas o traicionadas por susç líderes, se reagruparán y redefinirán una nueva estrategia de guerra o de boicot a la selección? ¿Cuántos potenciales inconformes con un “no meritorio” como candidato, acabarán por desertar para mudarse a Morena o a otro frente amplio opositor? La cancelación de los candados es apenas la primera parte de la compleja ecuación 2018 para el PRI. Porque de nada servirá irse por la libre, si la selección del candidato no pasa por un proceso de análisis, consulta y sanación, que legitime a quien el llamado establishment le endose la nada sencilla tarea de confrontar y vencer al temido candidato de Morena. Así que a menos que alguien se atreva a boicotear el cierre de la Asamblea Nacional, en presencia del presidente Enrique Peña Nieto, la jerarquía priista puede respirar por unos minutos. La abolición de los candados es apenas el principio, no el canto final de la victoria. Y la fotografía que se estampó en el día la cancelación de los candados, deja en claro que una de las sonrisas más satisfechas de la Asamblea, mas allá de la del presidente del PRI, esa fue la de Emilio Gamboa Patrón. ¿Mensaje?