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10 de Enero del 2018

Oprah presidenta

El debate ya está sobre la mesa. Y sin duda Winfrey debe estar sopesando los pros y los contras de saltar de la pantalla chica en Chicago al teatro político de Washington
El mundo está sediento de liderazgos. O mejor dicho, quienes habitamos este planeta estamos urgidos de nuevos rostros de hombres y mujeres ejemplares, que sirvan como modelo de transformación y de servicio para las nuevas generaciones. Se nos evaporaron los Winston Churchil, los Ronald Reagan, las Margaret Tatcher, los Shimon Peres, los George Pompidou, las Indira Ghandi, los Lech Walesa o los Nelson Mandela. Hombres y mujeres épicos, inspiradores, casi míticos. Figuras que se engrandecen frente a la actual pobreza global de líderes que exhiben en Donald Trump a la vergonzosa antítesis de los ideales que el planeta necesita para progresar con bienestar, igualdad social y paz. Quizás por eso fue que Oprah Winfrey generó con su discurso en los Golden Globes una poderosa corriente de opinión que le propone asumir para Estados Unidos ese liderazgo perdido. Porque aun naciones que se dicen de punta, en avanzada, como la norteamericana, necesitan de ese alguien que al frente de su desarrollo los inspire a continuar y engrandecer el sueño americano. Ese sueño que personifica mejor que nadie Oprah, la niña de color nacida en la extrema pobreza del Mississippi rural, que a los 14 años fue madre soltera de un hijo que murió poco después de nacer. Una mujer manfactura de sí misma, que después de ser abusada sexualmente por tres familiares, salió adelante para educarse y conquistar al mundo desde Chicago hasta  transformarse en la mujer a quien los norteamericanos escuchan, admiran, creen e imitan. Pocos seres humanos pueden presumir lo que Oprah encarna. La mujer, de color, madre soltera, abusada, mujer de medios, periodista, comentarista y exitosísima empresaria. De ahí su empatía con las masas… y con las minorías. Un ser humano que de la nada creó un billonario imperio mediático que se adueñó del inconsciente colectivo de hombres y mujeres, blancos y de color, empresarios y trabajadores, pobres y ricos, educados y no educados. Oprah es, sin regateos, una de las mas avasalladoras fuerzas en el mundo del mass media. Su magistral discurso del domingo por la noche en los Golden Globes fue ese toque de alerta necesario, urgente, en una nación que vive un cataclismo político en su liderazgo supremo, que es oscuro, agresivo, torpe y peligroso para el mundo. Fue el recordatorio, en medio de la trágico espectáculo en el que está convertido su egocéntrico y melómano presidente, de que sí existen figuras con la estatura suficiente para encabezar una revolución de las conciencias. Un liderazgo inteligente, fincado en el uso de la razón y la intuición pura del corazón, sin confrontaciones, con la sola fuerza de la palabra. Los demócratas la leyeron magistralmente. Sin duda porque después del fracaso de Hillary Clinton no tienen ningún referente claro para postular y disputarle a Trump la Casa Blanca en el 2020. Y tan pronto como a las once de la noche del domingo,  #oprahforpresident se volvió trending topic en las redes sociales. Y las mas influyentes mentes demócratas en Washington iniciaron el debate sobre las bondades de Oprah como su candidata 2020. Dirán que como Trump, Oprah no tiene experiencia política. Pero a diferencia del empresario neoyorkino, la comunicadora es lo suficientemente humilde, y al mismo tiempo inteligente para aceptar sus carencias y reclutar mentes brillantes que la apoyen, como las que en innumerables ocasiones proyectó desde su exitoso show. El debate ya está sobre la mesa. Y sin duda Winfrey debe estar sopesando los pros y los contras de saltar de la pantalla chica en Chicago al teatro político de Washington.