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23 de Noviembre del 2017

Monreal, la congruencia

Después de que Morena lo contemplara como disidente al anunciar su renuncia, Ricardo Monreal sentó las bases para su reconciliación con el partido en un reencuentro con López Obrador y accedió a quedarse, pero ahora deja su puesto como jefe delegacional. ¿Lo veremos en la primera fila del 2018, en campaña o en el eventual gabinete?
Ricardo Monreal es uno de los activos duros de la izquierda en México. Es de los pocos políticos llamados progresistas que tiene vida propia. Que suma, no que se suma. Su trayectoria lo marca en los hechos. Gobernador de Zacatecas, el primero de izquierda en México. Senador, Diputado Federal y jefe de la Delegación Cuauhtémoc. Lo mismo desde las filas del PRI, del PRD, del PTy ahora en Morena. En 2012 se convirtió en el coordinador de la campaña presidencial de Andrés Manuel López Obrador y en 2015, cuando apenas era un proyecto al aire, coordinó el nacimiento de la agrupación política Morena. Como todo político con peso y proyecto, tiene sobrados e incondicionales apoyadores. Y como todo personaje de posición y compromiso, también su ración de detractores. El rol que jugó al lado de Andrés Manuel López Obrador en su escisión del PRD fue crucial para la sólida creación de Morena, en donde se le reconoce como su cofundador. Desde entonces prefiguró en su futuro político alcanzar la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Para desde ahí instalarse como el próximo en la línea sucesioria del 2024, después de que López Obrador alcanzara la presidencia en el 2018. Para el trazo de ese proyecto buscó la jefatura de la Delegación Cuauhtémoc en la Ciudad de México y el zacatecano la ganó. Por eso los cimientos de Morena se cimbraron cuando Monreal mostró su molestia frente a la elección de Claudia Sheinbaum y el enojo por el procedimiento y el resultado lo exhibió en la posibilidad de abandonar el partido que ayudó a su fundación. De pronto Monreal fue contemplado como un disidente de Morena que por sus activos políticos bien podría volver al PRD o incluso al PRI para buscar su ansiada postulación para la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Pero un reencuentro con López Obrador sentó las bases para su reconciliación con Morena, anunciando que no renunciaría al partido que hoy encabeza las preferencias presidenciales rumbo al 2018. Debió ser la conversación entre el jefe supremo de Morena y Monreal un diálogo mas de principios, que de acomodos. Mas de reflexiones que de genuflexiones. De los recuerdos de lucha entre ambos, desde sus días como perredistas hasta la hazaña de crear uno de los grandes partidos, un privilegio que solo tienen Plutarco Elías Calles con el PRI, Manuel Gómez Morín con el PAN y Cuauhtémoc Cardenas, con el PRD. Al final del día Monreal se apoyó en los principios para ceder a las tentaciones. Si alguna promesa de inclusión en la participación para la campaña presidencial o para otra posición política a la altura, sin duda se verá en los próximos meses. Y aunque ambos, López Obrador y Monreal, anunciaron por separado la permanencia en Morena, extrañó que en el anuncio del plan de gobierno celebrado el lunes 20 en el Auditorio Nacional, el zacatecano no hiciera acto de presencia. Mas aún, en la prolongación de esa saga política apenas ayer Monreal anunció su salida a partir de diciembre de la jefatura delegacional de la Cuauhtémoc. Dice que se va a leer, a escribir y a dormir. Ni la nación ni López Obrador y mucho menos Morena están para desperdiciar un activo político de la talla de Monreal. ¿Lo veremos en la primera fila del 2018, en campaña o en el eventual gabinete?