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27 de Noviembre del 2017

Meade, el que siempre fue

El factor que más peso le dio a la decisión de Enrique Peña Nieto para elegir a José Antonio Meade como candidato a la presidencia del PRI fueron sus credenciales de ciudadano
Y los “despistados” teníamos la razón. José Antonio Meade Kuribreña era el “tapado”. Y desde hoy –si la unidad no se quebranta- el candidato del PRI a la presidencia 2018. No podía ser de otra manera. Siempre fue el precandidato favorito, el que mejores cartas credenciales exhibió. Muy por encima de los otros aspirantes. Era “el niño aplicado” del sexenio. Su paso por cuatro secretarías de Estado –dos con el PAN y tres con el PRI, repitiendo Hacienda- le dieron ese halo de político apartidista tan necesario en estos días para conquistar el voto ciudadano. Pero por encima de todo, su imagen pública de no tener esqueletos en el closet, de ser unas de esas aves raras que son los políticos “bien portados”. Y eso en el sexenio de la corrupción, cuenta, y cuenta mucho. Una vez mas Enrique Peña Nieto asume su decisión sucesoria no en función a su corazón, que estaba mas con Nuño o Videgaray, sino con la razón. Como lo hizo hace seis años en el Estado de México, cuando aceptó que fuera Eruviel Ávila el candidato por encima de su primo Alfredo del Mazo, quien hoy, un sexenio después, ya capitanea a los Atlacomulcos. Salió airoso el Club de los Itamitas, ese grupo compacto que integran José Antonio Meade, Luis Videgaray, Aurelio Nuño y Enrique Ochoa. Pero sin duda el factor que más peso le dio a la decisión desde Los Pinos fueron sus credenciales de ciudadano nada pretencioso, con los pies muy en la tierra, que exhibe Meade. Ahí radica la posibilidad de crear, a partir de ese priista, un frente político amplio que sin duda ya asume arriba de su proyecto al panismo calderonista, con Margarita Zavala, Ernesto Cordero, Javier Lozano y Roberto Gil Zuarth en primera fila. Y si el llamado Frente Amplio Ciudadano no acaba de cuadrar sus alianzas entre el panismo y la izquierda perredista, no duden que algunos rayos del Sol Azteca acaben iluminando el Proyecto Meade. Será esta Generación Bailleres la que tendrá el reto de enfrentar en las elecciones presidenciales a un hasta ahora imparable y muy adelantado Andrés Manuel López Obrador. Sin olvidar que de consolidarse con éxito el llamado Frente Amplio Ciudadano, y se instala un Ricardo Anaya o un Miguel Mancera como candidato, el reto en las urnas para junio del 2018 de verdad estará cuesta arriba para el frente tricolor. Pero el enorme reto del priista no-priista Meade será hacer campaña a contracorriente de un sexenio priista que exhibe deplorables cuentas en el combate a la corrupción y en la lucha contra la seguridad, que regresó a sus peores años. Que nadie dude de que para el ahora candidato del PRI hubiera sido mas lógico y seguro tomar la cómoda alternativa de la dirección del Banco de México. Sin elecciones de por medio, por ocho años y en el sector financiero que es lo de Meade. Fuera quien fuera el próximo presidente. Pero sin duda quienes apoyaron al presidente Enrique Peña Nieto fueron lo suficientemente honestos para decir que si existía alguna posibilidad de retener las llaves de Los Pinos, esa solo sería con Meade. A ver qué dicen los priistas de la Nomenklatura, los políticos que una vez mas sucumben frente a la tecnocracia, y que ven en Meade a un extraño, ajeno y distante a su modus operandi, a sus proyectos y a sus ambiciones.